Existe gente que llegan a su vocación como quien llega a casa: sin prisa, pero con la certeza absoluta de que ese es su lugar. Arelí González es una de ellas. Actriz, empresaria a su manera y una de las caras más entrañables del elenco de La Oficina, la aclamada serie de Amazon Prime Video que adaptó para México la historia que conquistó al mundo entero.
Me platicó sobre lo que significa construir una carrera desde la autenticidad, meterse en la piel de un personaje que al principio le generaba rechazo y descubrir que, al final del día, todas tenemos un poco de Ángeles adentro.

Foto: @ievegonzalez
Maquillaje y peinado: @yeseniaag.mua
Del escenario imaginado a la vocación real
MAV: ¿Por qué decidiste ser actriz? ¿Cuándo supiste que era lo tuyo?
ARELÍ GONZÁLEZ: De chiquita yo pensaba, de manera casi inconsciente, que cuando fuera grande iba a ser comediante. No sé de dónde me venía esa idea, porque no había nada a mi alrededor que apuntara en esa dirección. No vengo de una familia de actores, mi hermano trabaja en el medio audiovisual pero no en actuación, además era super introvertida y tímida.
Llegué a estudiar seis semestres de arquitectura. En algún momento tuve como un momento de claridad y dije: no, esto no es lo mío. Ya había tenido un primer acercamiento a los escenarios a través del baile. La danza me fue más fácil ya que no tenía que exponer tanto de mí con palabras. Pero cuando sientes el escenario por primera vez, ya no te quieres bajar de ahí.
Fue hasta la carrera que entendí la diferencia entre gustar mucho de algo y sentir verdadera pasión. La actuación era el espacio donde mi forma de ser, de vivir y de experimentar el mundo tenía más sentido. Tendría unos veinte años cuando lo decidí, y a partir de ahí empezó el recorrido.
Ángeles: el personaje que más le enseñó precisamente porque al principio la rechazó

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Maquillaje y peinado: @yeseniaag.mua
MAV: Llevas ya un buen camino en el medio: teatro, cine, series. ¿Cómo es tu proceso creativo a la hora de preparar cada personaje?
ARELÍ: Cada personaje tiene sus propios requerimientos. No tengo una fórmula de pasos fijos, pero sí una base: cuando llega el guion, me convierto en detective. Voy buscando pistas por todos lados sobre quién es ese personaje, qué palabras usa, cómo piensa, qué lo forma. Y a partir de ahí me empiezo a echar clavados.
Con Ángeles, el personaje de La Oficina, me pasó algo muy particular: al principio me generó cierto rechazo. La entendía muy de afuera y eso me incomodaba. Pero en cuanto empecé a investigar por qué tiene ese TOC con la limpieza, por qué sus respuestas son como son, empecé a ver algo diferente. Concluí que ella tiene cierta neurodivergencia que me ayudó a entenderla sin juzgarla.
También me metí a la religión, que es una parte muy importante de su carácter. Me puse a leer la Biblia para ella, porque necesitaba tener esas referencias en mi inconsciente para poder habitarla de verdad. Nuestro coach de talento me recomendó ver La Pasión de Berenice porque decía que la esencia del personaje era muy parecida. Y además, durante el rodaje, compañeras de todos los departamentos se acercaban a decirme: «mi tía es así» o «yo soy un poco Ángeles». Eso me confirmó que ella es muy parte de la cultura mexicana.
El set que era un juego colectivo

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Maquillaje y peinado: @yeseniaag.mua
MAV: Cuéntanos del proceso de casting y de cómo fue trabajar en el set de La Oficina.
ARELÍ: Cuando me llegó la convocatoria no me dijeron que era para La Oficina México. Solo decía «personaje de comedia» y la descripción. Yo intuí algo por las escenas, pero nunca lo confirmé, y eso también me ayudó a no dimensionar demasiado y a no cargar con esa presión.
Me sentía insegura en el casting. Terminé mandándolo sin saber muy bien si estaba bien o mal. Luego me llamaron para un callback, que también sentí que me fue mal, y de repente me dijeron que me había quedado. Fue un proceso que fue creciendo poco a poco.
Tuvimos unas dos semanas de talleres con Fernando Bonilla antes de empezar a grabar. Ejercicios de improvisación, trabajo de mesa, investigación de arquetipos. Desde ahí todos fuimos entrando en sintonía, tanto con el proyecto como entre nosotros. Ya en el set, Gary y Bucay nos seguían poniendo tareas para seguir desarrollando a los personajes: que descubrieras quiénes eran tus aliados, quiénes tus enemigos, qué relaciones iban surgiendo naturalmente. Con tantas horas conviviendo en ese espacio, los personajes tomaban vida propia.
Ver a Fer improvisar diferente en cada toma, en siete tomas distintas, era increíblemente inspirador. Quería estar a ese nivel, estar lista para cuando me lanzaran la pelota. Fue un set donde todos, actores, guionistas, vestuario, maquillaje, estaban pensando cómo aportar desde su trinchera. Cuando daban corte, escuchabas las carcajadas desde las cabinas del fondo. Era un juego, y eso se nota en pantalla.
Lo que Ángeles le dejó: aprender a reírse de una misma

Foto: @ievegonzalez
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MAV: De todos los personajes que has interpretado, ¿hay alguno que haya marcado un antes y un después en ti?
ARELÍ: Creo que todos te dejan algo. Hay algo muy místico en la actuación: de alguna forma te conectas espiritualmente con el arquetipo del personaje que estás interpretando. Le subes el volumen a las partes tuyas que comparten con él y le bajas a otras. Sería fácil decir «yo no soy nada como Ángeles», pero la verdad es que bastante de Ángeles hay en mí. Es mi versión de ella.
Ángeles en particular me ha enseñado empatía, porque era el personaje que más lejos ponía de mí al principio. Me ha enseñado a reírme de mí misma, a disfrutar, a no ser tan severa conmigo. Dejar que todos se rían contigo es un regalo enorme. Eso es lo que más me ha traído este personaje: el permiso de relajarme y disfrutar.
La recepción de La Oficina: ni ellos mismos lo esperaban
MAV: Antes del estreno, ¿esperaban tanto hate como el que se anunció en redes? ¿Cómo recibieron la respuesta del público?
ARELÍ: Esperábamos todo el hate del mundo, y aún así decíamos: mejor hate que pasar desapercibida. Lo que más nos daba miedo era que no la vieran suficiente, porque honestamente, con todo y el miedo natural que acompaña un proyecto así, sentíamos que lo que estábamos haciendo tenía algo especial. Sería muy triste que no llegara a la gente.
Pero nos ha sorprendido muchísimo que no solo no hubo tanto hate, sino que los propios seguidores de The Office original son los que más la defienden. Eso es hermoso. Y ver cómo la gente identifica referencias, cómo se siente retratada, cómo dice «esto es exactamente mi oficina»: eso habla de lo rica que es la cultura del Godinato en México. Hay todavía muchísimo material para retratar, y eso es emocionante.
Fuera de cámara: motoneta, pizzería y los árboles del parque
MAV: ¿Cómo es Arelí fuera del set? ¿Qué hace cuando no está interpretando a nadie?
ARELÍ: Soy bien terrenal, la verdad. Me gustan cosas muy básicas. Salir a caminar con mi perro, ir al parque a leer o a escribir, ver a la gente que va pasando cada una con su vida diferente. Eso no me deja de sorprender. También me muevo en motoneta por la ciudad, con mis audífonos y la música bajita para poder escuchar lo que pasa alrededor. Es de los momentos que más disfruto del día a día.
Tengo también una parte aventurera: me gustan los viajes, escalar, cualquier plan que salga de lo ordinario. Y desde 2013, junto con mi socio, tenemos una pequeña pizzería. Se llama Luca Don Bardo Pizza, está sobre Extremadura 127, Insurgentes Mixcoac. Es una pizza delgadita, al estilo argentino, en horno de piedra. Empezamos literalmente de cero, con lo que nos prestaron, consiguiendo sillas que no hacían juego entre ellas. Sobrevivimos la pandemia de panzazo y ahí seguimos.
Tener ese negocio tan aterrizado me hace muy bien. Este medio a veces te desconecta de la realidad: te vienen a buscar en coche, hay equipos enteros pendientes de ti. Todo eso es hermoso, pero no es el día a día real. La pizzería me recuerda dónde están los pies.
Y sí, soy muy social pero también muy de soledad. Necesito tiempo a solas para recargarme. Voy al cine sola, como sola, camino sola. No me pesa, al contrario: lo disfruto mucho.
Lo que viene: proyectos en puerta
MAV: ¿Qué proyectos tienes próximamente?
ARELÍ: Tengo dos proyectos que esperan fecha. Uno es una película donde interpreto a una salvavidas, así que tuve que retomar la natación desde cero para tener la condición física necesaria. Probablemente salga para mediados de este año. El otro es una serie que hicimos antes de La Oficina, en la que coincidí también con Fernando Bonilla, pero los tiempos han ido cambiando. En cuanto haya fechas más confirmadas, con mucho gusto volvemos a platicar de eso.
Su consejo más honesto para quienes quieren dedicarse a esto
MAV: ¿Qué le dirías a alguien que quiere seguir este camino?
ARELÍ: Que esta carrera es de resistencia, no de sprint. Si esperas resultados rápidos, vas a desertar a la primera. Hay que formarse constantemente, porque la competencia es mucha y lo que te va a distinguir es seguir entrenando sin parar.
Pero sobre todo: conócete. Mientras más te conozcas, más poderoso te vuelves con tu instrumento, que somos nosotros mismos: nuestra mente, nuestro cuerpo. Ve a terapia si puedes. Trabaja en ti. Aprende a aceptar el no y el rechazo, porque van a ser parte del camino por mucho tiempo.
Y confía en tu instinto. En este medio nos enseñan que la ruta es una sola, y generalmente es la más aspiracional. Pero los que no encajamos en ese molde también tenemos nuestro brillo y nuestro lugar. Sigue tu corazón más que tu mente. Sigue tu tripa. Ese es mi consejo.
Platicar con Arelí González es confirmar que las mejores carreras se construyen desde adentro hacia afuera. Con La Oficina consolidada como uno de los grandes éxitos de Amazon Prime Video en México, y con proyectos nuevos esperando su momento, demostrando que llegar a tu tiempo no significa llegar mal. Significa llegar cuando estás lista. Sigue a Revista MAV para más historias del arte y la cultura que vale la pena conocer.
Por: Frida Padilla
Editora en Jefe de MAV

