Hay sueños que nacen tan adentro que ni siquiera las voces más fuertes logran callarlos. Carla Trujillo supo desde los 13 años que quería actuar. En Guadalajara, Jalisco, ciudad de tradiciones arraigadas y profesiones «seguras», elegir el arte parecía un acto de rebeldía.
Se fue a Australia. Allá, en un primer mundo donde «no te mueres de hambre haciendo arte», se dio permiso de soñar de nuevo. Estudió actuación en otro idioma, superando no solo las barreras del inglés sino también las de su propia autocrítica. Y ahí, en la otra punta del planeta, trabajó en «Dora y la Ciudad Perdida» con Eugenio Derbez, Eva Longoria y Michael Peña. Fueron tres meses que cambiaron su vida.
Regresó a México a los 22 años para estudiar Artes Escénicas en Casa Azul en la Ciudad de México, porque necesitaba ese título, esa validación académica que su familia esperaba. Pero más que eso, regresó porque supo que su lugar estaba aquí, contando historias mexicanas, construyendo su carrera desde casa.
Hoy, a sus 29 años, Carla protagoniza «Corazón de Oro», la nueva telenovela de Pedro Ortiz de Pinedo que se estrena el 2 de marzo por Las Estrellas, donde interpreta a Severina, una joven inocente, bondadosa e imprudente que sin querer queriendo se mete en todos los problemas de la familia Arango Nova.

De Guadalajara al Mundo: Los Primeros Pasos
MAV: Cuéntanos un poco sobre ti y cómo comenzó tu historia.
CARLA: Soy Carla Trujillo, nací en Guadalajara, Jalisco, y viví allá hasta los 19 años. A esa edad decidí irme a Australia, donde estuve estudiando durante algunos años. Fue una etapa de mucho crecimiento personal y aprendizaje.
A los 22 regresé a México y tomé la decisión de mudarme a la Ciudad de México para estudiar la licenciatura en Artes Escénicas en Casa Azul. Me gradué hace algunos años y desde entonces he estado trabajando y explorando distintos proyectos que me han permitido seguir creciendo como actriz.
Actualmente resido en la Ciudad de México y estoy muy enfocada en mi carrera. El proyecto en el que participo ahora, Corazón de Oro, lo estaremos grabando hasta mayo. Son 90 capítulos, así que implica varios meses de trabajo continuo; comenzamos en diciembre.
Estoy muy feliz y emocionada con esta etapa y con todo lo que viene.
MAV: ¿Qué fue lo que te llamó a ser actriz? ¿Cuándo supiste que este era tu camino?
CARLA: Desde chiquita lo sentía. Es curioso cómo de niños tenemos muy clara nuestra esencia y lo que nos gusta hacer, de manera pura, sin tantas voces externas influyendo. Estás mucho más conectada contigo misma.
Yo sentaba a toda mi familia tapatía —que somos como 40 mil integrantes— y les hacía shows. Bailaba, cantaba, me disfrazaba, armaba teatritos con títeres. Siempre estaba creando algo para presentarlo frente a ellos. Era mi forma natural de expresarme.
Les pedí a mis papás que me metieran a clases de danza y pasé por ballet, jazz, hawaiano… probé muchas disciplinas. Siempre hubo esa inquietud artística.
Mi primer acercamiento formal con la actuación fue a los 13 años, en una escuela en Guadalajara llamada Escena 3, que ya no existe. Recuerdo que fue la primera vez que dije: “Quiero ver qué es esto”. Hice teatro durante un tiempo, pero honestamente no fue el mejor acercamiento.
Creo que los docentes influyen muchísimo en cómo los niños y adolescentes perciben una disciplina. En mi caso, fue un poco confuso. Sentía que no estaba entendiendo bien de qué iba todo eso y, por un momento, perdí un poco la esperanza.
Pero cada vez que veía películas —porque el cine siempre me ha encantado— volvía esa sensación de asombro. Era pensar: “Yo quiero hacer eso. ¿Cómo le hacen?”. Esa curiosidad nunca se fue.
La Crisis Existencial y el Escape a Australia

MAV: ¿Cómo fue ese proceso de decidir entre rendirte o seguir?
CARLA: Hubo un punto en mi adolescencia en el que todo el mundo me decía: “No, actuación no. Te vas a morir de hambre. Es una carrera complicadísima”. Y sí, es complicada, estoy de acuerdo. Pero escuchar eso constantemente empezó a sembrar muchas dudas en mí.
Entonces me preguntaba: “¿Qué hago?”.
Entré en una crisis existencial que duró varios años. Intenté convencerme de que debía elegir otra cosa, buscar literalmente cualquier camino que no fuera la actuación. Me cuestionaba si era un capricho, si era inmadurez, si estaba idealizando algo imposible.
Pero por más que intentaba mirar hacia otro lado, la inquietud regresaba. Era como tratar de apagar algo que seguía encendido dentro de mí.la actuación. Decía «¿qué más puedo hacer?». Pensé en meterme a cine como para hacer películas cinematográficamente hablando, no frente a cámaras, sino detrás de cámaras. Pero no, no pude.
Me fui a estudiar a Australia y estando allá, como tenía más libertad, creo que lo que más pesaba era el tema económico en México de «me voy a morir de hambre». Allá como es un primer mundo, no te mueres de hambre, puedes hacer lo que quieras. Eso me permitió darme la oportunidad de decir «ahora sí puedo elegir qué quiero hacer sin preocuparme si voy a comer bien de esto o no».
Me metí a una escuela de actuación allá, que fue un reto fuerte porque estaba en otro idioma. Me preguntaba más si estaba bien mi acento y lo que decía, que lo que realmente estaba haciendo. Mi director queridísimo se llama Mark Piper, el dueño de la escuela. Él fue el que me impulsó a otros proyectos estando allá.
Ahí fue cuando vi que empecé a tener trabajo de actriz en Australia. Estuve en producciones muy padres.
Trabajar con Eugenio Derbez: El Momento que lo Cambió Todo

MAV: ¿Cómo fue tu experiencia trabajando en «Dora y la Ciudad Perdida»?
CARLA: Participé en Dora and the Lost City of Gold y fue una experiencia que me marcó para siempre. Compartí set con Eugenio Derbez, Eva Longoria, Michael Peña y otros actores increíbles. Ahí fue cuando confirmé: “Esto es lo que quiero hacer toda mi vida”.
Recuerdo perfecto la primera vez que vi a Eugenio. Nadie me avisó que iba a grabar escena con él. Me enteré cuando ya estábamos dentro del set, rodeados de flores gigantes —porque el universo de Dora es totalmente fantasioso—. Volteé entre las flores y ahí estaba él. Me quedé en shock. Literalmente se me cayó la escena.
Por un segundo pensé: “No, corre, reacciona, tienes que terminar”. Porque la escena ya había empezado. Logré terminarla y cuando cortaron me acerqué y le dije: “Eugenio, no lo puedo creer. No puedo creer que estoy trabajando contigo. Soy mexicana y me llamo Carla”.
Le brillaron los ojos cuando le dije que era mexicana. Toda la producción era estadounidense y australiana, así que creo que eso nos conectó de inmediato. Desde ese momento sentí que me tomó muchísimo cariño. Fueron casi tres meses de grabación y convivimos bastante.
Eugenio es una persona bellísima. Bondadoso, cuidadoso, amable. Le aprendí algo que jamás se me va a olvidar: la forma en la que llega a un set. Saluda a todos por igual, desde la persona que está recogiendo los vasos hasta el director y el productor. No hay distinciones. Eso me impresionó muchísimo.
Es extremadamente trabajador. Recuerdo que le dije: “Fui al cine a ver El Cascanueces”, y me respondió que ni siquiera había tenido tiempo de verla porque estaba grabando. Vive entregado a su trabajo.
Antes de despedirnos le dije: “Nunca te olvides de mí, nos vamos a volver a ver”. Y él me contestó: “Nunca me voy a olvidar de ti”. Aún no hemos coincidido otra vez, pero tengo la certeza de que en algún punto nuestras carreras se volverán a cruzar.
Señor Eugenio, si algún día lee este reportaje… yo sigo esperando ese reencuentro.
MAV: ¿Qué significó para ti esa experiencia en tu formación?
CARLA: Fue como un balde de agua fría, un golpe que me despertó. Marc Piper, mi director, me abrió la puerta a ese mundo. Fueron tres meses en set, aprendiendo todos los días y entendiendo lo que pasa detrás de cámaras. Ahí confirmé: estoy segurísima de que esto es lo que quiero hacer.
Es muy bonito cuando una experiencia así refuerza lo que ya sientes que es para ti. Como un llamado del universo que te dice que vas por el camino correcto.
El Regreso a México: Casa Azul y la Consolidación

MAV: ¿Por qué decidiste regresar a México?
CARLA: Sentía la necesidad de concretar mi formación y obtener una licenciatura. Quería poder decir con seguridad: “Soy actriz escénica”, no solo alguien que ha tomado cursos. También era algo importante a nivel personal y familiar; mis papás querían que tuviera una carrera formal.
Investigué opciones en la Ciudad de México, encontré Casa Azul y dije: “Perfecto, nos vamos”. Dejé atrás mi vida en Australia, donde había vivido algunos años, y me comprometí por completo con esta decisión.
Hasta hoy, Casa Azul me ha abierto muchas puertas. Estoy profundamente agradecida con mi escuela por la confianza y el impulso que me han dado. A lo largo del camino siempre han aparecido personas que me han ayudado a creer más en mí y en mi carrera.
El Proceso Creativo: Construyendo a Severina

MAV: ¿Cómo preparas tus personajes?
CARLA: El trabajo que le doy a cada personaje depende de lo que la historia me pida. Con Severina, lo primero fue leer toda la novela para entender qué está pasando y cuál es su trayectoria a lo largo del proyecto.
Empiezo siempre desde el interior: su personalidad, sus motivaciones, su mundo emocional. Después paso a lo exterior: qué expresiones tiene, cuáles son sus pequeñas manías, cómo camina, cómo corre, cómo ocupa el espacio.
La voz es fundamental para mí. Severina es muy joven, le calculamos unos 17 o 18 años. Es dulce, inocente, soñadora. Por eso tuve que moldear mi voz, hacerla un poco más ligera, más tierna. Me gusta jugar con esa dulzura.
Pero también es imprudente y algo “bronca”. Cuando se enoja resulta hasta gracioso, porque es muy terca, insiste, se engancha. Esa mezcla me divierte mucho.
A veces tomo referentes, pero me gusta crear un personaje propio, hacer un mix de distintas influencias y de lo que yo imagino para ella. Hoy Severina ya está muy consolidada en mí; sé exactamente cómo reaccionaría en cada situación.
Los Retos de la Industria: Resiliencia y Soltando el Control

MAV: ¿Cuáles han sido los mayores retos en esta profesión?
CARLA: He aprendido mucha resiliencia. Sobre todo, a no tomarme personales los “no”. Con el tiempo entendí que muchas veces no tiene que ver conmigo, sino con el momento, con el perfil que están buscando o con factores que no controlo. No todo es tan personal como parece.
También he aprendido a soltar los proyectos con más facilidad. Antes me aferraba: hacía una audición y me quedaba esperando la llamada, revisando el teléfono, como si fuera un exnovio tóxico. Ahora no. Hoy voy, hago mi trabajo, lo disfruto, me entrego, y cuando regreso a casa estoy tranquila. Confío. Si no quedé, no estaba en mí.
Algo muy importante ha sido aprender a decir “no”. Ya estoy en un punto donde puedo reconocer qué proyectos no van conmigo. Desde que empecé a confiar más en mi intuición y a ser selectiva, las oportunidades que llegan han sido mucho más alineadas conmigo.
He entendido que a veces el universo dice “ahorita no”, no por rechazo, sino por dirección. Darme pausas para preguntarme qué quiero realmente y cómo consolidarlo me ha ayudado muchísimo.
El Arte que Alimenta al Artista

MAV: ¿Qué te inspira? ¿Qué arte consumes?
CARLA: Desde niña he sido muy artística, eso siempre lo cuentan mis papás. Me gustaba pintar muchísimo; ya no lo hago tanto, pero tomé clases y estuve tres años pintando al óleo. La pintura me encanta, es un espacio muy íntimo para mí.
La música también es fundamental. Soy muy sensorial al escucharla: disfruto desde canciones viejísimas hasta blues o jazz. Me gusta explorar sonidos distintos y dejar que me atraviesen.
Leer es otra de mis pasiones. Me atraen mucho las novelas dramáticas; me he dado cuenta de que conecto profundamente con ese género. A veces intento leer thrillers, pero me resultan demasiado acelerados. Necesito historias que me permitan sentir, profundizar.
También tengo una conexión muy fuerte con la naturaleza. Por lo menos una vez al mes necesito salir a algún lugar abierto. Me gusta mucho el Ajusco, hacer caminatas, actividades un poco más extremas, respirar aire fresco, rodearme de árboles. Soy muy del agua: río, laguna, mar… necesito el agua para sentirme equilibrada. Todo eso me inspira muchísimo a nivel artístico.
Mi familia es muy diferente a mí. Son más tranquilos, más académicos y humanistas: politólogos, sociólogos, abogados. Disfrutan estar en casa leyendo o viendo una película con calma.
Yo, en cambio, siempre he sido más inquieta. Me gustan las experiencias intensas, moverme, salir, explorar. Durante mucho tiempo me pregunté por qué no era como ellos, pero hoy entiendo que esa diferencia ha fortalecido mi personalidad. Esa mezcla entre sensibilidad artística y búsqueda constante de experiencias —incluso un poco extremas— es lo que me define.
Carla Detrás de Cámaras: Sencillez y Autenticidad

MAV: ¿Cómo eres cuando no estás interpretando un personaje?
CARLA: Tengo toda una vida de curiosidades. Me considero una chica muy sencilla, no soy de aparentar. Creo que incluso en mis redes sociales se puede percibir eso. No intento mostrar que mi vida es perfecta todo el tiempo.
Hay días en los que comparto: “Oigan, esto me está pasando, esto está difícil”, o subo algo sin maquillaje. No siento que tenga que estar perfecta, ni siquiera físicamente. He hecho las paces con mi cuerpo. Este es mi físico y lo acepto.
La vida del actor no es perfecta; de hecho, es muy inestable. No tenemos una rutina fija. Es un proyecto tras otro: ahora este personaje, luego otro, después tres meses sin trabajo y, de pronto, dos proyectos al mismo tiempo. Es un sube y baja constante.
He tenido que aprender a balancear eso y a cuidar mucho mi paz mental para no volverme loca. Hay momentos en los que estás angustiada pensando: “Ya nunca voy a volver a trabajar”. Y la realidad es que, tarde o temprano, siempre vuelve a haber trabajo.
Me gustaría que la gente entendiera que somos personas normales. Que no nos idealicen tanto, porque también atravesamos momentos difíciles, inseguridades y crisis como cualquiera.
Pero, a pesar de todo, sí… es muy bonito ser actor.
Severina en «Corazón de Oro»: Inocencia que Causa Caos

MAV: Cuéntanos sobre Severina y qué vamos a encontrar en «Corazón de Oro».
CARLA: Severina es una chica muy joven e inocente. Lo que más rescato de ella y que se queda conmigo es esa bondad pura. Esa forma de ver el mundo que tenemos de niños, cuando pensamos que todo debería ser justo, que no es normal que haya gente pasando hambre, que las cosas simplemente deberían estar bien.
Cuando somos pequeños, tenemos muy claro qué está bien y qué está mal. Con el tiempo vamos creciendo y nos vamos acostumbrando a ciertas maldades del mundo; las aceptamos, las normalizamos. Severina no. Ella se cuestiona todo y dice: “¿Por qué? ¿Por qué no hacemos las cosas bien?”. Su corazón todavía no está contaminado.
Es una chica muy recta, muy justa, quiere que todo se haga como debe ser. Y lo bonito es que, dentro de esa inocencia, hay una comedia muy sutil. Me recuerda un poco a El Chavo del 8: tan inocente que no hace las cosas con mala intención, pero sin querer, queriendo, termina provocando caos.
Severina se equivoca mucho a lo largo de la historia. Es imprudente, se mete donde no debe y, por ella, dentro de la finca de la familia Arango Nova empiezan a salir muchos chismes y secretos. Está en todos lados, observa todo, es testigo de discusiones incómodas, de peleas fuertes, de dramas intensos… y ahí está, viendo todo.
Como no quiere hacer daño, pero tampoco piensa demasiado antes de hablar, termina soltando información sin medir consecuencias. Así es como se va relacionando con cada miembro de la familia Arango Nova y se convierte en una pieza clave dentro de la historia.
Sueños Futuros: Series, Cine e Internacionalización

MAV: ¿Qué proyectos te gustaría hacer en el futuro?
CARLA: Acabo de terminar de grabar una serie que se estrenará este año. Fue una experiencia que disfruté muchísimo; me encantan las series, el ritmo de trabajo y la profundidad que te permiten construir en un personaje.
Sin embargo, el cine es mi meta máxima. Y no solo a nivel nacional, sino internacional. Sueño con llegar a pantallas y espectadores de distintas partes del mundo, contar historias que crucen fronteras.
Sobre todo, quiero personajes que me reten actoralmente. Personajes complejos, con matices, que generen conversación, que dejen algo en quien los vea. Historias que no solo se consuman, sino que se sientan y se recuerden.
Consejo Final: Solo Si No Puedes Hacer Otra Cosa
MAV: ¿Qué consejo le darías a quienes quieren ser actores?
CARLA: No es fácil. Te van a decir que no muchas veces. Desde que entras a la escuela empieza ese proceso. A mí me tocó una escuela muy exigente, con maestros muy duros. Es un entrenamiento intenso: te van quitando capas, como a una cebolla, te dejan vulnerable… pero también te fortalecen.
La intención es prepararte para la industria, para que cuando lleguen los “no”, las críticas o los rechazos, no te derrumben. Y te digo algo: para mí fue incluso más duro pasar por ciertos maestros que enfrentar después la industria. Algunos momentos me lastimaron mucho. Fue una etapa difícil como estudiante, pero me preparó.
Hoy lo agradezco porque me dio resiliencia. Entiendo que, en muchos casos, esa exigencia viene del deseo de formar carácter. Van viendo quién tiene la fuerza para seguir, quién puede sostener la presión.
Si desde el inicio no soportas que te dirijan, que te digan que algo está mal o que te confronten, quizá este no es el camino. Es una carrera que exige piel gruesa y corazón fuerte.
Al final, todos estos años me enseñaron a confiar en mí. A escuchar muchos “no” y aun así decir: “Claro que sí. Voy a demostrar que puedo”.

Si quieres estudiar esta carrera, hazlo solo si lo sientes hasta lo más profundo de tus huesos. Si no te ves haciendo otra cosa. Porque si tienes otra opción que te haga igual de feliz —ser arquitecto, doctor o lo que sea— quizá sea un camino más estable. Esta profesión es mucho más complicada de lo que parece.
Hoy en día, además, hay muchísima competencia. No solo compites con actores o modelos; también con influencers que tienen millones de seguidores y plataformas propias. La industria ha cambiado.
Pero también somos muy privilegiados. Ahora tenemos herramientas para crear nuestro propio contenido, compartir entrevistas, construir comunidad y no depender únicamente de que alguien más nos elija. Puedes impulsar tu carrera desde tus propios medios.
Es cuestión de trabajar muchísimo y tener claridad. Si estás seguro, confía en ti. Y, sobre todo, no sueltes tu sueño. Si ya tomaste la decisión, ve hasta el final. Las cosas llegan cuando hay disciplina, talento, buenos valores y amor por lo que haces.
Una Actriz que Nunca Dejó de Creer
Carla Trujillo es la prueba de que los sueños no necesitan permiso, solo persistencia. De Guadalajara a Australia, de trabajar con Eugenio Derbez a protagonizar «Corazón de Oro» que se estrena el 2 de marzo por Las Estrellas, esta actriz de 29 años demuestra que cuando amas algo hasta los huesos, el universo conspira para que suceda.
Con manifestaciones que se vuelven realidad, rituales de arte y naturaleza, y una autenticidad que rechaza la perfección de Instagram, Carla representa una nueva generación de actrices mexicanas que construyen carreras sólidas sin perder su esencia. Sigue a Revista MAV para más historias de talento mexicano que conquista el mundo.
Por: Frida Padilla
Editora en Jefe de MAV

