002. Crónicas de un apiario

En el Cap.1 de crónicas de un apiario había contado cómo me había ido de excursión unos días a la región mixteca a aprender el bonito oficio de la apicultura.

Cap 2: El arribo a la piquera.

En el Cap.1 de Crónicas de un apiario, conté cómo me había ido de excursión a la región mixteca a aprender el bonito oficio de la apicultura y las razones por las que decidí ir a descubrir ¿qué escondían los apicultores? ¿Qué eso lo que hacía del producto apícola algo tan cotizado entre los conocedores?

Mi primer día de aventura comenzó cuando iba camino a la terminal. No sin antes pasar a una plaza comercial a completar la lista de los insumos, que necesitaría para esos días fuera de la ciudad. Así mismo comprar algunos artículos que me sugerían llevar los apicultores.

Aunque ya había recorrido sus calles por internet previamente, no pude evitar el nerviosismo de viajar solo a un lugar desconocido.

El autobús salía a media noche, lo que me parecía bien porque eso significaba que llegaría a mi destino al amanecer. Cuando por fin llegó el momento de abordar, se alivió un poco la tensión, de modo que el sueño me abordó de inmediato.

Eso no era del todo bueno porque tenía entendido que había varias paradas. Así que le pregunté a la pasajera de junto, si sabía que parada era la que me correspondía, y afortunadamente me contestó que sí, y en caso de ser necesario, ella me avisaba.

Por suerte me desperté con unos minutos de anticipación. Y ella lo notó. Me despedí con una sonrisa como muestra de agradecimiento.

Al llegar me sorprendió lo bonita que era la iglesia. Está en el centro del municipio y decidí pasar al atrio para echar un vistazo a la fachada. También me di un paseo por sus jardines en donde encontré unas figuras religiosas hechas de piedra que posaban, sintiéndose en su hábitat sin ser molestadas por nadie.

Compré algo para comer e inmediatamente noté que las personas de ahí se sonreían unos a otros. Algunos ya se conocían y desde muy temprano ya bromeaban.

De pronto recibí un mensaje, donde nos mandaban la ubicación del lugar donde sería la reunión. Caminé unas calles y noté que me dirigía hacia una de las cimas más altas del lugar. Me topé con lo que parecía la parte trasera de una iglesia. Al costado se encontraba un letrero que era el que marcaba el punto.

Parroquia «El Calvario.»
Entrada a «El Tecuán.»

Subí por las escaleras y al llegar al final me esperaba el Ingeniero Marco Trejo, y de inmediato me dio la bienvenida. El lugar era una terraza y desde esa mañana teníamos una vista fascinante. Me quedé admirando del paisaje por unos minutos.

Me sentí libre después de tantos kilómetros recorridos. Siendo yo uno de los primeros apiamigos en haber llegado. 

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