005. Crónicas de un apiario

Me quité el overol, el velo, los guantes. Subí a la camioneta y nos dispusimos a ir de vuelta al centro del pueblo. A pesar de estar oscuro me resultó fácil recordar el camino de regreso.

No te pierdas el cap. 4 de Crónicas de un Apiario, donde mencioné como tuvimos una experiencia en el llamado para quitar una colmena de un árbol.

Capítulo 5: Sueño reparador

Me quité el overol, el velo, los guantes. Subí a la camioneta y nos dispusimos a ir de vuelta al centro del pueblo. A pesar de estar oscuro me resultó fácil recordar el camino de regreso.

Crónicas De Un Apiario

La compañera del curso que me hizo favor de llevarme de regreso en su vehículo, venía desde Veracruz. Ella junto con algunos familiares se dedicaban a la producción de naranja de cierta especie que ahora no logro recordar.

Viajábamos junto con la asistente del ingeniero Trejo, quien impartía el curso. Ella nos iba a llevar con quien sería nuestra anfitriona, ya que nos recibiría en su casa por dos noches para no tener que pagar hospedaje en un hotel.

Hablaron por teléfono y nos dio indicaciones hasta llegar a una escuela que se encontraba frente a un pequeño parque. Ahí se hallaba mujer de estatura no muy alta, echando leña hacia una camioneta tipo estaca. Se saludaron y nos mencionó que nos podíamos acercar a su casa. Estaba por terminar su labor y en cuanto terminara nos alcanzaba para darnos acceso a su hogar.

Crónicas De Un Apiario
Crónicas de un apiario, Capítulo 5

Llegamos y nos quedamos en el vehículo conversando y preguntando aspectos de la vida del otro. Presiento que congeniamos a pesar de la diferencia de edad y de lugar de origen. Tal vez era que ambos veníamos de lejos y éramos los foráneos del grupo, además de que ambos seríamos nuevos en el manejo de colmenas y con eso nos sentíamos identificados.

Minutos después de haber tenido una amena charla, llegó la Maestra Yalith y nos invitó a pasar. Nos recibió su amigable mascota, era un perro de raza grande. Bajamos nuestras pertenencias y nos asignó una habitación muy espaciosa. Se cerraba con dos puertas de madera, además de parecer una casa que llevaba bastantes años de haber sido edificada, deduciendo esto por sus características, ya que no era como casa una promedio.

También en el patio tenía arena como de playa y bastantes árboles muy altos. Parecían ser frutales. Puse cámara y teléfono a cargar, además de mensajear con los amigos, que durante el día no había sido posible. Me dispuse a dormir. A pesar de encontrarme lejos de mi hogar y con personas que acababa de conocer, me sentía en paz.

No me había recuperado del todo del largo viaje que tuve que hacer para llegar hasta ahí, sin mencionar que el día había sido largo y caluroso. Así que apagué la luz de aquella habitación y a los pocos minutos logré conciliar el sueño.

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