Deicardi Díaz: actor y escritor mexicano

Deicardi Díaz no solo actúa y escribe. También da clases de actuación en el CEA, donde enseña a sus alumnos que primero hay que comprender al personaje, luego empatizar con él, y solo entonces se puede vivir.

No se puede vender telenovelas si no las consumes. El arte requiere consumir arte. La verdad en escena se encuentra cuando conectas tan profundamente con un personaje que tu cuerpo reacciona sin que lo controles, como cuando te sonrojas de pena.

Y por si fuera poco, está a medio año de terminar la carrera de Derecho —que estudia en línea porque su cabeza no puede estar quieta, porque estuvo 8 meses sin trabajar y necesitaba mantenerla ocupada, porque si no se deprime—. No planea ejercer como abogado, pero la vida le ha enseñado que todo lo que te rodea da paso para el futuro.

El Origen: Cuando Nadie Te Da Oportunidades, Créalas

MAV: Eres actor y escritor. ¿Cómo tomaste la decisión de ser ambos?

DEICARDI DIAZ: Cuando me salí de la carrera de Comunicación y Cine, todo el mundo me juzgó durísimo. Me decían: “¿ahora quieres ser actor?”. Me acuerdo que hice Como Dice el Dicho y mis compañeros se burlaron: “¿para eso te saliste?”.

Nadie me daba una oportunidad, así que pensé: “si nadie me contrata, me voy a contratar yo”. Empecé a escribir teatro sin mucha experiencia. Lo primero fue una obra corta, de ese formato que estaba de moda en Microteatro y Teatro en Corto: Ojalá Fueras Tan Interesante Como en Facebook.

Con esa obra fui con Lolita Cortés a presentarla. Me dijo que sí… y de pronto ya estaba yo llamando a actores que no conocía para montar algo que tampoco sabía cómo producir.

Ahí empezó todo mi proceso como escritor.

El Regreso al Teatro: Una Distopía Sobre la Sensibilidad Masculina

MAV: ¿Sigues escribiendo?

DEICARDI DIAZ: Este año quiero volver un poco a esa vibra. Estoy muy feliz con los proyectos que he tenido y con mi crecimiento, pero no he podido hacer teatro.

También es complicado entrar a esos círculos: muchas veces la gente trabaja con su propio equipo, con quienes ya conecta, y está bien. Pero yo sigo con la inquietud, así que pensé: “quiero hacer teatro”. Y otra vez, la solución fue la misma: estoy escribiendo una obra para volver a contratarme.

Siento que mi vida como actor y escritor es un ciclo. Escribo, actúo, quiero cambiar… y al final vuelvo a escribir para poder actuar.

MAV: ¿De qué trata la obra que estás escribiendo ahora?

DEICARDI DIAZ: Este año, con la obra que estoy escribiendo, noto también mi madurez como escritor. Mi primera obra era Ojalá Fueras Tan Interesante Como en Facebook, y ahora estoy trabajando en una distopía donde a los hombres no se nos permite ser sensibles; al contrario, se nos castiga por ello y se nos enseña a desensibilizarnos.

Me reconozco y pienso que es la vida avanzando, empujándote a convertirte en otra persona. Para quienes escribimos, es muy bonito ver ese cambio: comparar el proceso mental de hace diez años con el de ahora.

El Proceso Actoral: Comprender, Empatizar, Vivir

MAV: ¿Cómo preparas tus personajes?

DEICARDI DIAZ: Entre más tiempo pasa en mi carrera actoral, más me enamoro del proceso. También doy clases en el CEA de Televisa, y me encanta porque te obliga a pensar cómo construir un personaje.

Un alumno una vez me preguntó: “¿empatizas con el personaje, lo comprendes o lo vives?”. Me quedé pensando y le dije: “tienes 10, qué gran pregunta”. Ahí entendí que primero tienes que comprenderlo, luego empatizar con su situación y, por último, vivirlo.

Ahora, con Corazón de Oro, me toca interpretar a un villano que rompe todos los valores éticos y morales. Lo primero es entenderlo sin juzgar: ¿de dónde vienen sus heridas?

Nadie se despierta diciendo “hoy voy a ser malvado”. La gente tiene objetivos, y a veces esos objetivos chocan con los de otros. Más que maldad, muchas veces hay ignorancia: no dimensionan el daño que pueden causar.

Entonces empiezo por comprenderlo: quizá no fue amado, quizá ni siquiera sabe amar, quizá busca poder o dinero sin tener otras herramientas. Después viene la empatía: decirle “ven, vamos a entender qué te duele”.

MAV: ¿Y cómo pasas de la comprensión y la empatía a vivirlo?

DEICARDI DIAZ: Puedes entender que un personaje es “malo”, que tiene heridas, puedes analizarlo todo… pero hasta que no lo bajas al cuerpo, hasta que no lo sientes, no lo puedes vivir.

Yo escribo muchísimo —páginas y páginas—, porque además me pagan por hacerlo. Pero llega un punto en el que todo ese entendimiento lo tienes que encarnar. Incluso a veces dices: “esto que escribí no sirve”, porque cuando ya lo habitas físicamente, vivirlo se vuelve mucho más simple.

Es como en la vida: cuando alguien te la hace de pedo en el tráfico, no te pones a analizar tus heridas. Reaccionas. Sientes algo en el pecho, en el estómago, te explota… y actúas.

Ahí te das cuenta: interpretar es fácil cuando ya entendiste al personaje y lo traes en el cuerpo, resonando.

Gabino: El Primer Villano Sin Fines Nobles

MAV: ¿Es la primera vez que interpretas un personaje villano?

DEICARDI DIAZ: Hice un narcotraficante el año pasado, y justo ayer me preguntaban en una entrevista: “estos dos villanos que has hecho, ¿en qué se parecen?”. Me quedé pensando y dije: el otro no era realmente un villano, porque tenía fines nobles detrás de lo que hacía.

Gabino, el personaje que interpreto ahora en Corazón de Oro, no. Sus motivaciones son el dinero, el poder, la ambición por la ambición. Es alguien que, si le proponen algo, dice que no… hasta que le ofrecen dinero, y entonces cambia de opinión.

Creo que es el primer personaje que hago sin un fin noble, alguien que no busca el bien y que está tan dañado que solo puede empatizar consigo mismo.

Y la verdad lo estoy disfrutando muchísimo. Está padre explorar esas oscuridades desde fuera. No me considero una mala persona, pero habitar ese lado me saca de mi zona de confort… y al mismo tiempo me divierte.

Ser Villano Sin Convertirse en Villano

MAV: ¿Cómo llevas ese personaje en tu día a día? ¿Cómo manejas esa energía?

DEICARDI DIAZ: Al principio empecé a habitar estas oscuridades, pensamientos que no eran míos. Noté que mi energía se volvía más dura: trataba a la gente con más frialdad, más ironía. Ahí me di cuenta de que algo se estaba mezclando, porque nunca había interpretado a un villano.

Cuando lo vi, pensé: “esto está pasando, pero no lo voy a romantizar”. Dejé de comprar esa idea de que el actor tiene que llevarse la emoción a casa. Es humano que pase, pero no hay que idealizarlo.

También dejé de romantizar a Gabino. Dije: “no lo voy a traer conmigo”. Trato de mantener esa línea muy clara.

Ser villano es muy divertido. Hay algo en esa oscuridad —la ironía, la manipulación, el control— que descubres y dices: “wow, no sabía que podía llegar ahí”. Pero justo por eso, hay que poner límites.

Porque sí, puedes tener una noche intensa con el personaje… pero no te duermes con él.

MAV: Pero químicamente, ¿cómo funciona? ¿Realmente te puedes desprender al 100%?

DEICARDI DIAZ: Yo les digo a mis alumnos todo el tiempo: cuando tú vives una emoción, ya sea en actuación o en la vida real, es la misma creación química dentro de ti. Si tú a tu cerebro le mandas señales de que estás triste, deprimido, llorando, al borde del suicidio, ¿cómo le explicas a tu cerebro que no mande las sustancias químicas a tu cuerpo donde le diga «sí, estamos tristes»?

Si haces una escena feliz, increíble, ¿cómo le explicas al cerebro «oye no, estoy actuando, no mandes dopamina»? Pues el cerebro va a mandar dopamina.

Creo que es una mentira total que te puedes desprender del personaje al 100%. No puedes evitar producir sustancias químicas que viviste del personaje.

Equilibrando Mil Mundos: Actor, Profesor, Escritor… ¿y Abogado?

MAV: ¿Cómo equilibras ser actor, profesor y escritor?

DEICARDI DIAZ: Tengo muchos frentes al mismo tiempo, y ahorita he descuidado un poco la docencia. Por suerte, en el CEA —al ser parte de Televisa— entienden cuando tienes proyectos activos.

Me alterno las clases con Alonso Íñiguez, a quien admiro profundamente. Es un gran director, muy inteligente y una gran persona. Nos cubrimos entre los dos: cuando yo no puedo, entra él, y viceversa.

De hecho, la obra que estoy escribiendo se la propuse, y ojalá nuestros tiempos se alineen para que la dirija. Sería increíble trabajarla con él.

MAV: ¿Y qué más haces? Porque parece que no paras.

DEICARDI DIAZ: Mi cabeza no se está quieta. Además de eso estoy a medio año de terminar la carrera de Derecho y la hago en línea obviamente. Es que mi cabeza tiene que estar en algo y si no me deprimo.

Lo que hago para organizarme es literalmente como el actor: ahorita me pongo el traje de maestro, ahorita me pongo el traje de actor, ahorita me pongo el traje de estudiante de derecho y ahora me pongo el traje de escritor. Para que los discursos no se vayan mezclando en la cabeza, porque muy probablemente me volvería bien loco.

MAV: ¿Por qué Derecho?

DEICARDI DIAZ: Hace un par de años estuve ocho meses sin trabajar y me estaba volviendo loco. Entonces pensé: “necesito ocupar la cabeza”, y me metí a estudiar.

Hoy lo veo y creo que habría elegido psicología, porque me interesa más. Derecho fue más una decisión para mantenerme activo, para no quedarme en ese ruido mental.

No pienso ejercer como abogado —ni siquiera para defenderme—. Fue simplemente una forma de no perder la paz.

La Inspiración: La Verdad en el Arte

MAV: ¿De dónde viene tu inspiración?

DEICARDI DIAZ: Para ser un artista completo tienes que consumir arte. Se los digo a mis alumnos del CEA: “¿quieren hacer telenovelas, pero no ven telenovelas? ¿Se dan cuenta de lo absurdo?”. Es como un pintor que quiere hacer cubismo y dice que Pablo Picasso le da igual.

Recuerdo la primera vez que sentí una verdad en escena: estaba llorando por algo que no era mío, pero se sentía real. Y lo más fuerte es que el público también lo vivía. Algo que no existía… se volvía real.

Ahí me empecé a clavar en el análisis del personaje y en la enseñanza. Me obsesiona ver actores que alcanzan esa verdad, incluso en lo más mínimo.

Sanford Meisner decía que no le impresionaba ver a alguien llorar o reír en escena, sino ver a una actriz sonrojarse de verdad. Porque eso no se actúa, simplemente sucede.

Esa idea se me quedó grabada: llegar a un nivel de empatía tan profundo que el cuerpo reaccione sin control.

Hoy me apasiona buscar esa verdad en el arte y en mí mismo, que una sea espejo de la otra. Esos momentos en los que conecto… y luego regreso a casa a preguntarme: “¿por qué conecté así?, ¿qué hay en mí?”.

Esa exploración del ser humano me parece fascinante.

Consejo Final: Solo Si Te Apasiona de Verdad

MAV: ¿Qué consejo le darías a quienes quieren ser actores?

DEICARDI DIAZ: Qué difícil pregunta. La primera respuesta que me sale es: “no lo hagan”. Y luego entra mi parte más madura y digo: no lo hagan… si no les apasiona.

Es una carrera muy dura. Los momentos de brillo son increíbles, pero no son tantos. Y los momentos difíciles no siempre son dramáticos: son silenciosos. Son estar en tu casa sin trabajo, son castings que no se concretan, son puertas que no se abren.

Haciendo cuentas con una amiga, vimos que, de cada generación del CEA, quizá solo un 5% sigue en la carrera. Y no es por falta de talento o pasión, es porque es un camino complicado.

Solo vas a aguantarlo si de verdad te apasiona actuar, pararte en un escenario y encontrar verdad.

Si lo que te mueve es la fama, la vas a pasar mal. Esto no pasa de la noche a la mañana —a menos que seas Leonardo DiCaprio—.

No te hagas eso. Si encuentras pasión en algo más estable, hazlo. Pero si lo tuyo es actuar, hazlo sabiendo que la estabilidad no viene incluida.

Deicardi Díaz es la prueba de que cuando el mundo no te da oportunidades, las creas. De escribir su primera obra cuando nadie lo contrataba a protagonizar como villano en «Corazón de Oro» que se estrena el 2 de marzo por Las Estrellas, este actor, escritor, profesor y futuro abogado (aunque no lo ejerza) demuestra que la cabeza inquieta construye caminos.

Con una filosofía clara sobre el proceso actoral —comprender, empatizar, vivir— y una pasión por encontrar la verdad en el arte, Deicardi representa a esa generación de creadores que no esperan permiso para existir. Sigue a Revista MAV para más historias de artistas que escriben su propio destino.


Por: Frida Padilla
Editora en Jefe de MAV

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