Hay algo que distingue a Diana Sedano de muchas de las actrices de su generación, y no es la nominación al Ariel. Es la forma en que habla de su trabajo: sin poses, sin fórmulas, con esa honestidad de quien lleva años haciéndose preguntas difíciles y ha aprendido a vivir cómodamente con no tener todas las respuestas.
El teatro ha sido su casa durante décadas. Desde ahí ha construido una carrera marcada por la búsqueda, el riesgo y una curiosidad que parece estar siempre por encima de cualquier certeza. Y cuando llegó Juana, la película de Daniel Giménez Cacho, algo que ya sabía se confirmó de una manera que no esperaba: los personajes, cuando son los correctos, te devuelven partes de ti que creías olvidadas.
El teatro como territorio propio

Fotógrafo: @weshootmuch
Pr: @jandf_pr
«Llevo muchos años en el teatro, muchos años actuando y haciendo de la actuación mi forma de vida. Es el espacio desde el que puedo hacerme las preguntas que me intrigan, me duelen y me mueven.»
Diana reconoce que abrirse camino en la industria audiovisual no siempre resulta sencillo. Existen dinámicas de pertenencia que desde su perspectiva pueden ser difíciles de descifrar, y por eso recibir una nominación al Ariel como Mejor Actriz por Juana tuvo un peso especial.
«Las nominaciones y los premios no pueden determinar la carrera de nadie, pero sí pueden convertirse en impulsos que te permiten seguir adelante con mayor seguridad y libertad. Me emocionó muchísimo ver mi nombre entre las actrices nominadas. Estoy profundamente agradecida con Juana porque fue un proceso que me hizo crecer como mujer y como actriz.»
Encontrar a Juana más allá del guion

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Construir a Juana implicó entender no solamente quién era el personaje, sino todo lo que había ocurrido antes de que apareciera frente a la cámara. Una mujer atravesada por una tragedia personal y social cuya historia debía percibirse incluso antes de ser explicada. Y ahí estaba uno de los mayores retos: evitar que el dolor del personaje se convirtiera en simple información.
«Lo complicado de actuar es que la situación del personaje no puede quedarse solamente en información. Hay que conquistar un estado que inquiete al espectador, que le provoque preguntas: ¿por qué ella está así? ¿Qué le pasó? Y cuando finalmente la historia revela lo que hay detrás, todo adquiere sentido.»
Su búsqueda consistió en alejarse de la ilustración evidente del guion, en no interpretar una emoción simplemente porque estaba escrita, sino encontrar la verdad que pudiera sostenerla.
«Parece una obviedad, pero huir de la ilustración, no hacer las cosas únicamente porque las dice el guion y encontrarles un sentido y una verdad es de lo más difícil. Tuvimos que separar y comprender muy bien todas las áreas de la vida de Juana que la configuran.»
Parte fundamental del proceso fue el acercamiento con periodistas que Daniel Giménez Cacho propició durante la preparación. Al tratarse de una historia relacionada con una realidad sensible del país, para Diana era indispensable que la ficción mantuviera un vínculo directo con lo que buscaba representar.
«Había que entrar en contacto con la fuente, observar e inspirarse. Algo que una actriz o un artista nunca puede perder es el contacto con la vida, porque de ahí nacen todas las preguntas que después planteamos a través de las películas.»
El personaje que le recordó su propia fuerza

Fotógrafo: @weshootmuch
Pr: @jandf_pr
Hubo algo en Juana que Diana reconoció desde la primera lectura, una fuerza que la atrajo de inmediato y que, al mismo tiempo, la enfrentó al desafío de trasladar una dimensión profundamente trágica al lenguaje cinematográfico.
«Juana me cautivó por la fuerza que me inspiraba al leerla. Me exigió una fuerza que ya no recordaba que tenía y que, de alguna manera, me recordó por qué quise actuar. Los personajes tienen esa virtud: pueden devolverte partes de ti que parecían olvidadas.»
Esa capacidad de transformación ha estado presente a lo largo de toda su carrera, especialmente en el teatro. En su trabajo actual, Rey Lear, Diana lleva esa exploración a un territorio particularmente exigente al interpretar a Cordelia y al Bufón, dos personajes prácticamente opuestos en energía, lenguaje y expresión.
«En la escuela nos decían que los personajes te escogen y, con los años, he terminado creyendo que es verdad. He sido muy afortunada porque el teatro me ha regalado personajes de todo tipo y eso me ha permitido construir un abanico muy amplio de posibilidades. Son dos personajes que expresivamente habitan lugares y tonos completamente opuestos. Ha sido un regalo del teatro y lo estoy gozando infinitamente.»
La ficción como una manera de habitar la realidad
Después de años sobre los escenarios y frente a cámaras, Diana parece haber llegado a una reflexión distinta sobre el lugar que ocupa la actuación en su vida. Ya no la piensa como un destino, sino como un vehículo.
«Últimamente se me sembró la idea de que la actuación no es un fin, sino un medio para conocer el mundo, conocer al otro y conocerme a mí misma; para poder habitar la realidad de una manera más plena.»
La paradoja no le pasa inadvertida.
«Es contradictorio pensar que corro hacia la ficción para poder comprometerme con la realidad.»
Quizá ahí esté también una de las claves de su momento actual. La nominación al Ariel funciona como reconocimiento, pero no como punto de llegada. Después de una carrera construida desde el escenario y de encontrarse con un personaje que le devolvió su propia fuerza, Diana mira hacia lo que sigue con más curiosidad que certezas.
«Estoy muy satisfecha con mi carrera en este momento. Lo que deseo profundamente es tener oportunidades para seguir expresándome y hablando desde mi trinchera, que es la actuación. Y, al mismo tiempo, tengo muchas ganas de que lleguen cosas que vuelvan a retarme.»
Diana Sedano es de esas personas que llevan tanto tiempo haciéndose las preguntas correctas que ya no les da miedo no tener las respuestas. Su nominación al Ariel es un reconocimiento merecido, pero lo que realmente vale es lo que hay detrás: décadas de trabajo honesto, personajes que la han desafiado y una convicción muy clara de que el arte sirve para algo mucho más grande que ganar premios. Sigue a Revista MAV para más historias del arte que nos hace más humanos.

