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Cuento de Día de Muertos: Visita del Más Allá

El día de muertos de este año fue muy especial. Déjenme les cuento…

Este año fue muy difícil para mí, porque mi abuelita falleció hace unos meses. Ella jugaba conmigo, me consentía, me leía diario un cuento, y me preparaba comida deliciosa. Por lo tanto, perderla fue de las peores cosas que he pasado en mis 11 años de vida. 

El 1 de Noviembre, mi corazón tenía la esperanza de verla de nuevo, así que me decidí a preparar todo para su llegada. Hice un poco de la comida que le gustaba, le compré pan de muerto, le puse flores de cempasúchil y papel picado, su tequila favorito, dulces, fruta, así como su foto, para que supiera que todo esto era para ella. 

Cuando llegó la tarde prendí las velas y esperé pacientemente en la sala, cerca de su ofrenda. Mi corazón latía fuerte, además de que tenía la piel chinita. Dieron las ocho, las nueve, las diez de la noche, y nada. En esas horas, comencé a perder la esperanza. Mi mamá me dijo que aunque no la viera, ella iba a estar conmigo, y que ya era hora de ir a dormir. Me dolía el corazón. 

Decidí que era momento de aceptar la realidad, por lo que subí a mi cuarto. Me preparé para dormir y me acosté. Después de un rato, me quedé profundamente dormida. De repente, una voz me despertó. Escuché que me decían: «María, nena, ven”. Abrí los ojos, miré por todos lados, pero no había nada, por lo que me dispuse a volver a dormir.

Siete elementos gastronómicos para entender el altar de muertos | Newsweek  México Cuento
Esta foto no pertenece a Revista Mav. recuperada de: Neewsweek México.

 

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Pero, en cuanto cerré los ojos, escuché de nuevo la misma vocecita: «María, vine a verte». En ese momento la reconocí. Era ella, era mi abuelita Lucy. Abrí los ojos y la vi, parada frente a mí, sonriente, como una preciosa catrina resplandeciente. Llevaba su vestido favorito, con unas flores en la cabeza. Sus ojos tenían un brillo particular. 

Sin pensarlo, brinqué para abrazarla. Luego pensé que tal vez se sentiría raro abrazar una catrina, pero se sentía tan cálido y seguro como siempre. -«Te extrañé abuelita», – le dije mientras la abrazaba. -«Nunca me separé de ti nenita» – me dijo mientras me apretaba hacia ella. 

Después del abrazo, decidimos que debíamos aprovechar la ofenda. Bajamos para comer todas las cosas deliciosas que le dejé. Me contó acerca de sus aventuras en el más allá; De Chanchito su alebrije y guía espiritual. 

También me dijo que vio a sus papás. Estaba muy feliz. Me sentí muy en paz de verla así. Pasaron algunas horas de risas, historias y anécdotas, hasta que me dijo que era momento de irse. Me puse muy triste y le pedí que se quedara, pero me explicó que el orden natural de la vida la hacía regresar, pero que cada año vendría a visitarme.

Luego me abrazó muy fuerte, cerró sus ojos y desapareció. En su lugar cayeron algunos pétalos de cempasúchil. Aunque se fue, sentí una paz especial en mi ser. Sonreí, después subí contenta de nuevo a mi cuarto, cerré los ojos y me dormí. Ahora solo espero poder verla de nuevo el próximo año. 

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