No saben qué emoción me da compartirles esta entrevista. Cuando me dijeron que iba a platicar con María Penella, honestamente no sabía qué esperar. Investigando un poco de ella, veía que siempre le preguntaban lo mismo: por su apellido, por su abuelo Chespirito, por su «legado familiar». Y yo dije: no, aquí no. Quiero conocer a MARÍA, la actriz, la mujer, la persona que eligió construir su propio camino.

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Y déjenme decirles que fue la decisión correcta. María llegó con una energía tan auténtica, tan real, que desde el primer momento supe que esta iba a ser una conversación especial. Entre risas y anécdotas me contó cosas que jamás había compartido en otras entrevistas.
Lo que más me gustó es que María habla con una honestidad brutal sobre su profesión. Nada de poses ni discursos armados. Te cuenta de frente cómo la pandemia casi la hace cuestionarse todo, cómo tuvo que «renovar los votos» con la actuación, y cómo encontró su pasión otra vez dando clases. Es esa autenticidad que tanto necesitamos ver, ¿no?
MAV: María, cuéntanos un poco sobre ti y tu trayectoria como actriz.
MARÍA PENELLA: Lo que me hace una persona pública es que soy actriz, y me gusta mucho mi trabajo. Considero que es un oficio difícil, no fácil. Ha sido curioso que, sobre todo en los últimos años, ha sido para mí un sube y baja de emociones y también en la propia relación con el oficio.
La pandemia fue muy dura para quienes nos dedicamos al entretenimiento, porque éramos la última prioridad en la lista, y con toda razón. Pero al final también fue evidente que nos refugiamos en el entretenimiento, en las series, en las películas, en los libros. Esto creó una contradicción en mí sobre la relevancia del oficio y qué cosas quería hacer.
Han sido años de estarle batallando a la escasez de proyectos por un lado, y por otro a proyectos de mucho corazón pero con poco presupuesto. Supongo que estos últimos años han sido como re-enamorarme de mi oficio.

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MAV: ¿Qué te ayudó a reconectar con tu pasión por la actuación?
MARÍA: Empecé a dar clases después de la pandemia y para mí eso fue como el botón para reinspirarme y reenamorarme de la actuación. Digo que es como renovar los votos con la actuación, porque es muy lindo ver a estudiantes jóvenes, artistas jóvenes ávidos y hambrientos de aprender a actuar, de conocer el oficio teatral o actoral.
Digamos que soy una clavada de la actuación, obsesionada, muy picada. Estoy muy picada otra vez con mi oficio y muy contenta de que haya vuelto este amor. Como en una relación de largo plazo, estoy otra vez en un momento de luna de miel.
MAV: Sabemos que tienes un legado familiar, pero queremos conocerte por quien eres y por lo que has hecho. ¿Cuál fue tu decisión de ser actriz?
MARÍA: Es curioso porque yo decidí ser actriz de manera independiente. Mi mamá nos llevaba mucho al teatro cuando éramos chicos, a mi hermano y a mí. Veíamos teatro musical mexicano. Había una obra de Peter Pan, escrita por un compositor mexicano que se llama César Balcázar, que era súper popular. Creo que la vi cuarenta veces en mi infancia, me sabía todas las canciones y las coreografías.
Tuve la oportunidad de estar en una obra profesional a los trece años, hice «El violinista en el tejado». Mi hermano había hecho «Los miserables» también a nivel profesional. Estar tan cerca de producciones de ese tamaño fue realmente lo que me enamoró del teatro.
Siempre traté de hacer mi camino lo más independiente posible. Ahora lo agradezco, que pude construir también un caminito mío y eso me hace sentir muy segura en mi propio camino.
MAV: ¿Cómo fue vivir ese primer personaje profesional a los trece años?
MARÍA: Fue muy loco. Siempre fui muy aplicada, muy bien portada. A veces creo que mi adolescencia vino muchos años después, hacia los veintiuno. Era una producción con orquesta en vivo, veinticinco actores en escena. Pedro Armendáriz, el personaje principal, entonces las historias que nos contaba… era una cosa de película a todo color, a todo volumen, muy mágico.
Lo vivía todo con muchísima emoción, obviamente. A la vez era un juego, porque tenía trece años, tenía toda la secundaria y prepa por delante. Todavía no lo veía como una profesión, era una oportunidad de llevar mi hobby, que era el teatro musical, un pasito más lejos.
Esa oportunidad de vivirlo como un juego, de gozarlo, muchos años después ha sido parte de lo importante para reconectar con ese gozo.

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MAV: Estudiaste actuación en Londres. ¿Cómo fue esa experiencia?
MARÍA: Hice examen en el CUT pero no me dieron ficha. Pero me aceptaron en una escuela llamada Royal Central School of Speech and Drama y me fui para allá, estudiando cuatro años en total. Me enamoré de los procesos educativos y los planes de estudio en Londres.
MAV: ¿Cómo te preparas para interpretar a los personajes?
MARÍA: Soy muy ñoña. La formación inglesa es muy cuadrada, y en mi universidad teníamos maestras de formación francesa y rusa. Entonces mis «madres actorales» vienen de esas dos escuelas.
Por un lado está la cosa más justa del personaje: el análisis del texto, la psicología del personaje, la psicofísica del personaje, es decir, cómo la psicología afecta a su cuerpo y cómo se sostiene. Habitar imaginariamente sus mundos, ponerse en sus zapatos, pero no como María, sino como el personaje. Caminar esos mundos imaginarios con los deseos del personaje, con sus sueños, sus dolores, sus objetivos en la vida.
Por otro lado está la parte más francesa: una cosa muy juguetona del clown, del teatro físico, de la improvisación.
Para mí es una combinación de mucho análisis, pero un análisis lleno de imaginación. Hago muchos dibujos, mis libretos están llenos de dibujos y frases que me evoquen sensaciones para adentrarme. El texto es como una cobija a la que hay que meterse y sentir, porque si no es como un papel en blanco y negro que no cobra vida. Nuestra chamba es hacer que lo que esté en el texto cobre vida.
MAV: ¿Qué es lo que te inspira?
MARÍA: El arte inspira al arte. A mí ir a museos, ver otras expresiones artísticas me llena el alma. Sobre todo la pintura se me hace una cosa mágica, no entiendo cómo le hacen los pintores. Ese misterio me inspira mucho, ver lo bello y encontrar lo bello en lo aparentemente que no lo era.
Me pasa mucho con los textos teatrales o con los guiones, tratar de encontrar las resonancias de belleza, de humanidad. Pensar en las resonancias humanas que tendrá nuestro trabajo me inspira mucho.
Me inspira crear cosas nuevas, estar al inicio de un proceso de ensayos. Estar en el momento en el que no existe nada todavía me fascina. Entre más tiempo pueda estar en ese pantano donde no sé qué voy a hacer, mejor. Me encantan las preguntas: ¿por qué está haciendo esto este personaje? ¿Por qué toma esa decisión?
MAV: De todos los personajes que has interpretado, ¿cuál sientes que se llevó una parte de ti?
MARÍA: Cuando estoy haciendo un personaje inevitablemente hay resonancias. No necesariamente que se quede conmigo, pero sí me hace pensar cosas que no había pensado antes. Me enseña cosas, me abre caminos de análisis mío.
Tengo un par de años en psicoanálisis y es de las cosas que más disfruto en esta vida. Me cambió la vida y me acompaña de una manera muy cercana y linda.
Por ejemplo, en «Lobas», que hice hace dos o tres años, había fútbol. Yo hubo un momento que quería ser futbolista y mi papá no me dejó. Ahora entiendo que tenía razón, en ese momento no había una liga profesional. Este personaje probablemente se convirtió en futbolista o el fútbol la siguió acompañando.
Los personajes me van haciendo preguntas sobre mí misma y voy respondiendo, diciendo: «esto es del personaje» o «esto sí es mío y no se lo quiero prestar al personaje». Soy muy celosa en ese sentido con qué es mío y qué no. Pinto esa raya muy firmemente.
MAV: ¿Qué prefieres: teatro, televisión o cine?
MARÍA: Ahorita estoy muy clavada con los personajes que me hagan estirar la liga de la transformación, poder transformarme en alguien más me fascina. Amo hacer teatro y ahorita estoy en una obra que se llama «La niña en la barca del canario», que realmente es un dulce de oportunidad porque es muy preciosa.
Cada plataforma tiene sus cosas lindísimas. Una no te da lo que te da la otra, entonces es muy afortunado que los actores podamos estar como chapulincitos de un lado a otro con esos lenguajes.
MAV: ¿Qué proyectos te gustaría hacer más adelante?
MARÍA: Tengo muchos sueños guajiros. Quiero tengo muchas ganas de regresar a hacer un mega musical. Por otro lado, tengo ganas de hacer una película donde el personaje me permita hablar sobre el privilegio de la blanquitud. Estoy en ese demográfico y me gustaría usar eso como vehículo para poner sobre la cuerda floja la moral de esos privilegios.
También tengo ganas de levantar proyectos de creación con mis estudiantes, de seguir desarrollando nuevos lenguajes teatrales. Tengo ganas de desarrollar un musical mexicano de puras morras que hable de los temas que nos importan a nosotras.
Tengo un magnetismo con las infancias, entonces tengo muchas ganas de desarrollar un proyecto con infancias rurales, acercar a las infancias al teatro y al arte.
MAV: ¿Cómo es María Penella detrás de cámaras?
MARÍA: Vivo con mi novia y mis dos perros. Me gusta mucho dar clases, eso es parte de lo que disfruto hacer. Me gusta ir al campo, ahora estoy aprendiendo a germinar semillas, tenemos un huertito.
Disfruto mucho ver una buena serie, una buena película. Me encantan las películas de acción y de espías; Tal vez ese es otro deseo que tengo, hacer un papel de espía.
Me gusta comer muchísimo. Me encanta cocinar. Mi plan ideal es cocinar toda la mañana para toda la semana, compartir comida. Se me puede ir todo mi sueldo en ingredientes deliciosos o en restaurantes deliciosos.
MAV: ¿Qué consejos le darías a las personas que se quieren dedicar a la actuación?
MARÍA: Algo que veo con mis estudiantes es que cada vez es más difícil estudiar una carrera artística, poderle dedicar el tiempo. Si tienen la oportunidad de hacerlo así, que genuinamente se den ese chance.
Pero siendo realistas, es bien difícil poderle dedicar todo ese tiempo a la escuela o al arte. Que no tengan miedo de estudiar otra cosa que les pueda dar un retorno de inversión, o trabajar al mismo tiempo que están estudiando. Que sí se hagan el tiempo pero que no tengan prisa.
Si pueden tener esa oportunidad de dedicarle todo el tiempo a una educación de conservatorio como el CUT, como la ENAT, hay escuelas donde se permite y además hay oportunidades de beca y colegiaturas muy bajas.
Si no es el caso, que no tengan miedo de dividir su tiempo, de ir a su paso, al ritmo que les permita esa subsistencia. Que no se dejen engañar por esta profesión, que lo hagan a su paso, con amor, con cuidado de su cuerpo, de su salud mental, porque puede llegar a ser demasiado exigente.
Les diría que lo hagan con cuidado, con dedicación y con mucho amor, cuidando su cuerpo, su salud mental, inspirándose y reinspirándose todo el tiempo.
María Penella me recordó por qué me gusta tanto hacer estas entrevistas. Cuando encuentras a alguien que habla desde el corazón, sin filtros, sin poses, la magia pasa sola. Espero que ustedes sientan esa misma conexión leyendo sus palabras.
Y ya saben, si andan por el teatro y ven «La niña en la barca del canario», váyanse a ver a esta mujer maravillosa en acción. Les prometo que no se van a arrepentir.
Por: Frida Padilla
Editora en Jefe de MAV

