Hay historias que no se improvisan. Que no nacen de golpes de suerte ni de apellidos resonantes, sino de una convicción tan profunda que ningún obstáculo logra apagarla. Erika De La Rosa es una de esas historias.
Nacida en Ciudad Juárez, criada entre talleres de teatro y sueños que su madre trataba de contener, Erika supo desde los cinco años que su lugar estaba frente a las cámaras y en los escenarios. Hoy, después de un recorrido que la llevó de TV Azteca a Telemundo, de Televisa a las grandes plataformas de streaming, es una de las actrices más versátiles y sólidas del entretenimiento latinoamericano.

Maquillaje: @andreamorenomakeup
Peinado: @lisallende
Fotografía: @pablosolanophoto
Stylist: @tinoportillo
PR: @jesssram
Agencia @pureandb
Pero Erika no es solo actriz. Es madre de dos hijos, crea organización donde otros encuentran caos, encuentra disciplina donde la industria ofrece incertidumbre, y construye equipo donde muchos eligen el estandarte de la soledad. Su vida, lejos de ser el cliché de la estrella inalcanzable, es un ejercicio constante de honestidad, prioridades y aprendizaje.
En esta plática con MAV, Erika habla sin filtros de su proceso creativo —que incluye un perfume distinto para cada personaje—, de cómo equilibra la maternidad con una carrera que no da tregua, del rol que la tiene hoy frente a las cámaras en Corazón de Oro para Televisa, y del gran proyecto que está cocinando a fuego lento: la dirección. Una conversación que va al fondo de lo que significa elegir el arte como forma de vida.
De Ciudad Juárez a la Pantalla: El Sueño que Siempre Estuvo Ahí

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MAV: Cuéntanos un poco sobre ti, tanto en lo profesional como en lo personal.
Erika De La Rosa: Soy una mujer muy trabajadora y una madre muy presente en la vida de mis hijos. Podría caer en el cliché de la mamá mexicana trabajadora, pero prefiero hablar desde el agradecimiento y desde el privilegio que reconozco y respeto. Mi vida se rige por la maternidad y por el trabajo, y trato de equilibrar ambas. A veces lo logro muy bien, otras no tanto, pero voy en el camino y no me detengo.
MAV: ¿Cómo fue que decidiste dedicarte a la actuación?
Erika: Siempre lo supe. Desde niña, si alguien me preguntaba qué quería ser de grande, respondía: mamá y actriz, o actriz y mamá. Y eso es exactamente lo que soy hoy. Mi vida entera gira alrededor de esas dos vocaciones. Me siento muy afortunada de hacer lo que hago, de poder vivir de ello y de compartirlo con mis hijos.
MAV: ¿Cuál fue tu primer acercamiento con la actuación?
Erika: Mi mamá tiene fotos mías haciendo teatro en Ciudad Juárez desde los cinco años. También tengo una tía actriz, Perla de la Rosa, que daba talleres de teatro en la ciudad. No faltaba a ninguno. Recuerdo que entre un curso y otro cada vez llegaba más gente, y siempre al final se acercaban a mi mamá para decirle: «tienes que mandarla a México, tiene que estudiar actuación». Ella respondía: «sobre mi cadáver».
Mientras tanto, estudié Artes Escénicas en la Universidad de Texas en El Paso, hice comerciales, campañas, modelaje y todo lo que podía hacer sin salir de casa, porque mi mamá no me lo permitía. Hasta que cumplí 20 años y me dijo: «si esto es lo que vas a hacer el resto de tu vida, cuando cumplas 20 te vas». Y en cuanto llegué a esa edad, me vine a la Ciudad de México al Centro de Formación Actoral de TV Azteca. De ahí para adelante, no he parado: TV Azteca, Telemundo, Televisa y ahora las plataformas de streaming.
Maternidad y Carrera: El Arte del Equilibrio Imperfecto

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MAV: ¿Cómo logras equilibrar tu vida profesional con ser mamá?
Erika: No me obsesiono con que el equilibrio salga perfecto, porque a veces simplemente no sucede. Y de eso también se aprende. Me doy cuenta cuándo debí decir que no a un proyecto, cuándo debí posponer algo personal para cumplir con un compromiso laboral, y viceversa. Es un proceso constante.
Mi prioridad es clara: primero mi salud mental y emocional, después el bienestar de mis hijos, y luego la proyección de mi carrera. Si mantengo ese orden, todo lo demás fluye.
También tengo que ser honesta: mis hijos son de dos matrimonios distintos y cuento con el apoyo activo de sus papás. No voy a ponerme el estandarte de la mamá que lo hace todo sola, porque no es así. Puedo meterme a un foro diez horas a grabar porque tengo dos padres que están completamente al tanto de sus hijos. Eso me permite hacer esta carrera tan particular, con horarios nada convencionales. Honor a quien honor merece: mis hijos tienen padres extraordinarios, y gracias a ese trabajo en equipo es que yo puedo hacer lo que hago.
El Proceso Creativo

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MAV: ¿Cómo es tu proceso para construir un personaje?
Erika: Mi regla número uno es no juzgar jamás al personaje, independientemente de lo que vaya a encontrar en él. Desde ahí, empiezo a quitarle capas como si fuera una cebolla: análisis, análisis y más análisis. Soy muy meticulosa en eso. Todavía soy de las actrices que se sienta a escribir los antecedentes y las características de su personaje: de dónde viene, dónde está parado, hacia dónde va, cuál es su arco dramático dentro de la historia.
Hay proyectos donde solo te dan cinco capítulos y ya estás grabando. En otros te entregan la historia completa. Cuando la información es limitada, es donde más entran en juego la técnica y la imaginación del actor.
Una vez que el personaje empieza a tomar forma, el diseño de imagen me ayuda enormemente: ver su ropa, su color de cabello, sus uñas. Tengo también una costumbre que me parece muy poderosa: le pongo un perfume distinto a cada personaje. Tengo muchas botellas en casa que no se terminan porque solo las uso para ese personaje, nunca en mi vida diaria. Eso le da un olor específico, una identidad olfativa al personaje. Después viene la corporalidad, los ademanes, la gestualidad y el tono de voz.
En un proyecto del año pasado, trabajé con el director para bajar deliberadamente mi tono natural de voz. Tengo un pitch bastante agudo, y construimos juntos una voz de pecho, mucho más grave. Terminaba cada jornada agotada por el esfuerzo que eso le exigía a mis cuerdas vocales. Pero es esa suma de capas la que más disfruto de todo el proceso.
Los Personajes que Definen una Carrera

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MAV: ¿Hay algún personaje que te haya marcado profundamente?
Erika: Hay personajes que me han marcado más a nivel de proyección de carrera que de manera interna. Y creo que eso habla de algo que tengo muy claro: mi vida emocional siempre ha sido más interesante para mí que la de cualquier personaje. Tengo un mundo propio muy definido, personas que amo, hijos que educar, metas que perseguir. La vida emocional de un personaje nunca me ha resultado más atractiva que la mía propia.
Dicho eso, sí reconozco que en los tiempos de descanso entre proyectos uno debería enriquecerse más: ver más cine, ir a galerías, asistir a conciertos. A veces estoy tan inmersa en la vida real, especialmente con mis hijos en edades tan especiales, que no me doy ese tiempo tanto como quisiera. Y eso también es parte del camino.
Los Retos de la Industria: Del Arte al Negocio

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MAV: ¿Cuáles han sido los retos más grandes que te ha presentado esta profesión?
Erika: Al principio viví muy intensamente la dicotomía entre hacer arte por convicción y entender que también soy parte de una industria. Antes de ser mamá, esa intensidad la trasladaba a todo: a cómo me contrataban, a cómo me presentaba ante productores, a cómo opinaba dentro de los proyectos. Lo vivía de manera muy visceral.
Con el tiempo aprendí a entender el negocio sin traicionar el arte, y creo que hablar de eso sigue siendo un tabú. Como si aceptarlo significara que tu entrega no es honesta. Pero no es así. Las dos cosas coexisten. Hay que entregarse al cien por ciento, y al mismo tiempo hay que entender en qué plataforma estás, qué tipo de contenido te piden, qué público te está viendo. Hay que aprender a no casarse con una sola forma de hacer las cosas, porque esta industria cambia constantemente. Mi manera de dejar de correr detrás de la liebre fue enfocarme en enriquecer mi sensibilidad, mi carácter y mi talento, y confiar en que por eso me contratan. Esa ha sido una de las grandes enseñanzas de mi carrera.
El Arte que Alimenta el Alma: Teatro sobre Todas las Cosas

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MAV: ¿Qué tipo de arte consumes para nutrir tu trabajo?
Erika: El teatro. El teatro y, especialmente, el teatro musical. Ese es mi lugar de recarga. Procuro cada año, o cada dos a lo mucho, irme sola a algún lugar a ver teatro. Este año espero llegar a Buenos Aires. He ido a Londres exclusivamente a ver teatro, a Nueva York también. Y cada vez que lo hago, regreso muy orgullosa del nivel teatral que tenemos en México.
Me disfruto profundamente el trabajo en vivo. El actor frente a mí, en carne y hueso, sin red. No tiene que ser un musical, aunque los musicales también me apasionan. Ver teatro es mi gran fuente de inspiración y también mi manera de apapachar a la Erika de siempre.
Detrás de Cámaras: Audífonos, Camerino y Curiosidad Infinita
MAV: ¿Cómo es Erika cuando no está frente a las cámaras, durante el rodaje?
Erika: Soy muy profesional y muy puntual. Llego a los sets con mis escenas perfectamente estudiadas, saludo a todo el equipo y estoy completamente disponible para el director y para mis compañeros. Eso no va a cambiar nunca.
Pero también me cuido mucho más que antes. Hubo una época en que salía de foro y me iba a cenar, a seguir el día. Llegaba a casa tan drenada que no podía dormir, dormía cuatro horas, me despertaba de mal humor, me veía agotada y terminaba siendo menos paciente con mis hijos. Un día dije: basta. Hoy me pones los audífonos en una esquina esperando que me llamen, recargando energía para dar lo mejor cuando toca. Lo hago sin culpa y con mucha valentía.
Y cuando tengo energía de sobra, soy muy curiosa detrás de las escenas. Me voy con el operador de cámara a preguntarle por qué hizo tal movimiento, con el fotógrafo a entender sus decisiones de luz, con el director de producción a ver cómo resuelven los imprevistos. Uno de mis grandes planes es dirigir, entonces me interesa entender cada engranaje de cómo se hace una historia. Voy a vestuario, me meto en el kit de maquillaje. Cuando tengo energía, soy un pulpo. Cuando no, nadie me ve.
Corazón de Oro y el Futuro en la Dirección
MAV: Cuéntanos del proyecto en el que estás trabajando actualmente.
Erika: Ahora mismo estoy grabando Corazón de Oro, una telenovela para Televisa producida por Pedro Ortiz de Pinedo. Es un gran melodrama, una especie de Romeo y Julieta entre dos familias que se pelean por el poder, por un apellido y por el control de una empresa, con el amor entretejido en medio de todo eso.
Mi personaje, Elisa, puede parecer al inicio una mujer cuya vida entera gira en torno a las apariencias: le importa mucho el qué dirán, el matrimonio, mantenerse dentro de la norma social. Fue educada así y lo asumió como la única manera de vivir. Pero cuando se da cuenta de que ni su matrimonio, ni su esposo, ni la familia en la que está son lo que ella esperaba, viene una crisis profunda que la lleva a descubrir qué es lo que verdaderamente le importa y a pelear, por encima de todo, por recuperar el vínculo con su hija, que es una de las protagonistas de la historia. Es un arco dramático muy hermoso, un personaje muy completo y muy humano.
MAV: ¿Hay proyectos propios en el horizonte?
Erika: Sí. Una de mis grandes amigas es escritora y ya tiene varios proyectos encima. Llevamos tiempo conversando sobre cosas que nos gustaría contar juntas, llevar al papel y luego a la pantalla. Es un plan a largo plazo, pero está cocinándose. La dirección me llama cada vez más. Observo todo en cada rodaje pensando en ese futuro. Ojalá pronto.
El Consejo que lo Dice Todo: Sin Plan B

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MAV: ¿Qué consejo le darías a quienes quieren dedicarse a la actuación?
Erika: Que no tengan plan B. Yo salí de casa a los veinte años con un objetivo muy claro y una mentalidad completamente definida. No había alternativa en mi cabeza. Esa claridad me dio un impulso que nunca me dejó parar, y me sigue impulsando hoy.
Y junto con eso: mantenerse entrenados y listos. Yo termino un proyecto y me voy a ver teatro, a tomar un curso en Los Ángeles, en Madrid o aquí en México, donde hoy vienen coaches extraordinarios. Eso es lo que me ha permitido mantenerme trabajando de forma constante desde que empecé. La seguridad que da el entrenamiento es indispensable para sobrevivir emocionalmente en esta carrera.
Esta profesión está llena de rechazos. De diez castings, me quedo con uno. Hay que tener el estómago firme. Pero quien entiende que el no es parte del proceso, y que al lado hay cincuenta actrices igual de talentosas listas para ese mismo papel, entiende que la diferencia la hace la disciplina. El talento sin disciplina dura muy poco. Y eso también aplica a la vida.
Erika De La Rosa no solo actúa: construye, organiza y elige. Desde Ciudad Juárez hasta las pantallas de todo el mundo, su trayectoria es la prueba de que la claridad de propósito es el mejor motor que existe. Con Corazón de Oro al aire en Televisa y la dirección como siguiente horizonte, esta actriz apenas está mostrando de lo que es capaz. Sigue a Revista MAV para más historias del entretenimiento latinoamericano que inspiran, conectan y trascienden.
Por: Frida Padilla
Editora en Jefe de MAV

