Harding Junior llegó a México a los 5 años de vida, traído por sus papás de Haití que vinieron a estudiar y decidieron quedarse. Lo que nadie imaginaba, ni él ni su familia, es que décadas después ese niño que fue metido casi por accidente a hacer teatro infantil se convertiría en uno de los actores más versátiles del medio, con una trayectoria que atraviesa el teatro, la televisión, el cine y las plataformas de streaming, y con dos proyectos estrenándose con apenas un mes de diferencia: Santita y Futuro Desierto.
Platicar con Harding es encontrarte con alguien que tiene los pies muy bien puestos en la tierra, que habla de su carrera sin pretensiones y con una honestidad que se agradece. Le da miedo hacer cosas nuevas, lo dice sin problema, y las hace de todas formas. Eso, al final, lo dice todo.

Foto: Memelsin
Haití, México y un escenario que nadie planeó
MAV: ¿Cómo fue que llegaste a la actuación?
HARDING: Nací en Haití, crecí en México. Mis papás vinieron aquí en los ochenta a estudiar, les gustó y decidieron quedarse. Cuando tenía como siete u ocho años hubo convocatorias para hacer teatro infantil profesional y ellos me metieron como quien mete a un hijo a cursos de verano, para que no esté en casa dando lata. Nunca se imaginaron, y yo tampoco, que eso iba a convertirse en lo que es hoy.
Digo que yo tomé la decisión porque en realidad nadie me la impuso, pero la verdad es que empezó sola. Desde los ocho o nueve años hacía teatro, luego en la secundaria empecé a hacer comerciales porque alguien buscaba mi perfil para publicidad. De ahí conocí el mundo de la moda, luego alguien me recomendó para hacer un beat en una telenovela de Televisa, fui, di mis fotos, hice el beat, y ahí empezó el rollo audiovisual. La novela se llamaba Muchachitas, para que te des una idea de lo que ya tiene.
De ahí fui abriendo puertas en Televisa, estudié cinematografía, conocí gente de cine, y así fue como todo se fue dando. Ahora estamos en la era de las plataformas y ahí andamos también. Ha sido un camino bastante interesante, como que la luz se va abriendo y tú vas siguiendo las señales. Aunque siempre con miedo, eso sí. Siempre me estoy cagando al hacer cosas nuevas, pero me aviento.

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El proceso de crear un personaje: todo empieza en el guion
MAV: Con tanta trayectoria en formatos tan diferentes, ¿cómo preparas cada personaje?
HARDING: Cada personaje tiene su manera y cada plataforma tiene su lenguaje artístico. Pero yo soy muy clavado en el guion, en el texto. Antes de construir el personaje, de dónde viene, hacia dónde va, yo necesito leer el texto muchas veces, la escena varias y varias veces, hasta que casi puedo decirlo todo dormido, borracho y de cabeza. Y conforme hago ese proceso, el personaje se va construyendo solo.
Para mí el principio de cualquier proyecto es el guion. Sin guionista, sin alguien que escriba una historia, no existe nada. No hay cámara, no hay director, no hay actor. Y creo que es importante darle ese respeto y ese mérito al guionista que se sentó ahí a hacer horas nalga escribiendo. Tratar de entrar lo más posible en la cabeza de quien escribió es parte de mi proceso.
Dicho eso, también he tenido otras maneras de trabajar. Hace poco trabajé con Marcelo Tovar en un proyecto donde el proceso fue completamente diferente: todos los actores principales fuimos construyendo el guion juntos. Él nos hacía preguntas sobre el personaje, nosotros aportábamos ideas y sobre eso él iba escribiendo. Nunca lo había hecho así y tuve muchísimo miedo. Intenté bajarme del barco varias veces, me bajaba y me subía, me bajaba y me subía. Pero Marcelo es muy fácil de convencer, me convenció cada vez.

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Los personajes que lo han marcado
MAV: ¿Hay algún personaje que te haya dejado algo especial?
HARDING: Todos dejan una semillita. Pero algunos más que otros. En teatro interpreté a Otelo dos veces, y Shakespeare es denso, es intenso, es mucho. Fue de los personajes que más me ha costado emocionalmente, tanto entrar como salir. Pero también de los que más he disfrutado.
También me marcó mucho un villano que hice en Blue Demon, la serie con Tenoch Huerta. Mi personaje era un proxeneta, misógino, de lo peor. Y lo disfrutaba muchísimo interpretarlo. Pero lo que más me marcó fue que en la calle se me paraban personas a decirme, a papi, está bien chido tu personaje, ¿a poco te metiste con esa chava? Gente medio rara, la verdad. Eso te hace reflexionar sobre cómo la gente conecta con los villanos.
Y luego está Pascal, el personaje de Santita, que es el más reciente y el que más me tiene presente. Poder interpretar a un haitiano en una serie mexicana, viviendo el tema de la migración en México, fue mezclar mis dos culturas de una manera que nunca había podido hacer antes. Cuando lo vi en pantalla se me fue algo muy adentro. Eso no se olvida.
Santita y Futuro Desierto: dos proyectos, un mes de diferencia

MAV: Cuéntanos de tus proyectos más recientes.
HARDING: Sí, tengo dos que llegaron casi juntos después de estar parados un buen tiempo. Santita se estrenó el 22 de abril y Futuro Desierto el 22 de mayo. Un mes de diferencia.
Santita fue una experiencia muy especial. Trabajé con Rodrigo García, con Paulina Dávila, con Gael García, un elenco increíble. Pero lo que más me marcó del proceso fue que para construir a Pascal, entrevisté a haitianos que están viviendo en México, que me contaron cómo llegaron, por qué quedarse, cómo es el día a día buscando la chuleta aquí. Eso fue volver a conectar con mis raíces de una manera muy honesta. Y creo que eso se nota en el personaje. Normalmente a los haitianos solo los vemos en las noticias como datos de migración. Santita les da cara.
Futuro Desierto es algo completamente diferente. Es una serie de ciencia ficción dirigida por Lucía Puenzo, la directora de La Caída, y creo que es de las primeras series mexicanas de ciencia ficción en una plataforma de streaming. El tema es la inteligencia artificial, pero planteado desde una pregunta muy real: ¿qué tanto queremos que la IA conviva con nosotros? No desde la crítica fácil sino desde lo que haría cada uno si tuviera esa opción enfrente. Empiezas diciendo que quieres que lave la ropa y terminas pidiendo que te escuche, que te dé consejos, que represente a alguien que perdiste. ¿Hasta dónde llegarías? Eso es lo que plantea la serie y creo que va a tocar mucha fibra.
Los retos reales de esta carrera
MAV: ¿Cuáles han sido los retos más fuertes que te ha dado esta profesión?
HARDING: Uno de los más fuertes es aventarte a hacer un proyecto que no tiene pago económico, que te pide mucho tiempo y mucha energía emocional, y aun así elegirlo porque el guion te encanta. Eso pasa mucho en el teatro. Entras como inversionista de todo: económico, emocional, mental, de tiempo. Y ese tiempo no regresa jamás.
Y luego está el otro reto que no se habla tanto: no solo conseguir el trabajo, sino que tu trabajo se estrene. He tenido proyectos parados más de cuatro años. Terminas de grabar, lo entregas todo y después esperas. Y mientras esperas, la gente no sabe que ese trabajo existe. Para un actor es importante que el proyecto salga, que se proyecte, que te vean trabajar. No porque sea vanidad, sino porque de eso depende que te llamen para lo siguiente.
Fuera del set: básquet, lectura y buscar el siguiente casting
MAV: ¿Qué hace Harding cuando no está interpretando a nadie?
HARDING: Me gusta leer, me gusta jugar básquet, voy al parque a echar mis tiritos, hago ejercicio funcional. Pero la verdad, si soy honesto, el trabajo más grande de cualquier actor es buscar trabajo. Eso es lo que hacemos la mayor parte del tiempo. Desde la pandemia además tienes que ser tu propio director, fotógrafo, editor, sonidista y colorista para los self tapes. Hay mucho más trabajo detrás de cámara que delante.
Me despierto pensando qué voy a hacer hoy para obtener el siguiente proyecto, para hacerme ver, para estar presente. Como dicen, santo que no es visto no es adorado. Y en este medio eso es muy literal.
Su consejo más honesto para quien quiere actuar
MAV: ¿Qué le dirías a alguien que quiere dedicarse a esto?
HARDING: Más que consejos, te puedo decir lo que me ha funcionado a mí. Lo primero es la resiliencia. Aprender a soltar los no, porque son lo que más vas a tener. Y no perder el tiempo en pensar que no quedaste porque fulano tiene contactos o es hijo de alguien. Eso no te sirve para nada, solo te taladra el cerebro y te impide seguir adelante.
Nunca dejar de prepararte, nunca dejar de estudiar, nunca dejar de consumir cine y series. Consumir el trabajo de otros también ayuda a que la industria crezca y a que haya más castings y más oportunidades para todos. Todo está conectado.
Y algo que aprendí a las malas: haz el casting aunque el personaje no tenga nada que ver contigo. Me ha pasado varias veces que entro por un personaje y quedo en uno completamente diferente. En Futuro Desierto me pasó exactamente eso. Cada casting es un micro taller de actuación. Hazlo, aprende, suéltalo y ve para adelante. Eso es lo que más me ha funcionado, aunque sigo trabajándolo todos los días.
Harding Junior es de esas personas que te recuerdan que las carreras más interesantes no son las que siguen un plan, sino las que van respondiendo a cada señal con valentía, aunque dé miedo. Con dos proyectos estrenados, más de tres décadas de trayectoria y la historia de dos países viviendo en él, tiene todavía mucho que contar. Aquí estaremos para escucharlo.
Por: Frida Padilla
Editora en Jefe de MAV

