Majo Abdo tenía diez años cuando entró por primera vez a un taller de actuación en la Escuela de Patricia Reyes Spíndola y descubrió que ahí, en ese escenario, podía ser lo que quisiera sin que nadie la juzgara. Esa sensación nunca se le fue. Y aunque el camino no siempre fue en línea recta, aunque hubo momentos de duda, de castings que no pegaron y de preguntas sin respuesta, algo en ella siempre supo que era ahí donde quería estar.
Hoy Majo es actriz, modelo, creadora de contenido, tiene un emprendimiento de arreglos florales y acaba de quedarse en un proyecto nuevo del que todavía no puede hablar pero que ya tiene lista para mostrarle al mundo. Lo que más llama la atención cuando platicas con ella no es lo que ha hecho, sino la forma en que lo cuenta: con una honestidad desarmante, sin poses, y con esa claridad de quien ya hizo las paces con el proceso.

Foto: @paulettedisantiphoto
Un escenario donde podía ser todo
MAV: ¿Cómo llegaste al mundo de la actuación y el modelaje?
MAJO: Desde chiquita me encantaba bailar, siempre era la primera en anotarse a los concursos. Mi mamá me metió a un curso de verano de actuación en la Escuela de Patricia Reyes Spíndola cuando tenía como diez años, porque le dijo como, te gusta bailar, te gusta cantar, ¿por qué no lo pruebas? Y yo feliz.
Al principio, pues, esa pena natural de que hay más niñas y te están viendo. Pero cada clase que iba tomando yo decía, aquí quiero estar, porque aquí puedo ser lo que yo quiera. Aquí puedo ser jardinera, puedo ser modelo, puedo ser doctora. Era mi lugar para jugar y dejar volar la imaginación. Me enamoré de la comedia musical, de estar en el escenario.
Tuve que pausarlo por la escuela, y cuando me preguntaron qué quería estudiar a los 17 años, la verdad no tenía claridad total. Me metí a comunicación para explorar, pero en mi cabeza no había plan B. Era quiero ser actriz. Me di de baja, regresé a la escuela de Patricia Reyes Spíndola, pero ya más formal, estudiando televisión, creación de personajes, todo. Y ahí fue cuando me enamoré de la actuación frente a cámara, de las series verticales, los videoclips. Ahí tomé la decisión: este es mi lugar y no hay plan B.
El modelaje también llegó desde chiquita. En el club al que iba de pequeña hicieron un curso de modelaje, hicimos una pequeña pasarela, tenía como seis años, y me encantó. En el camino se fueron abriendo esas oportunidades y las fui tomando. Si no tengo llamado de actuación y me llama una marca para modelar, voy feliz.
La creación de contenido: sin poses y sin pretender que todo es perfecto
MAV: ¿Cómo equilibras la actuación, el modelaje y la creación de contenido?
MAJO: Lo he ido aprendiendo. He aprovechado el material de mis clases de actuación y los eventos a los que me invitan las marcas para crear contenido sin que se me haga tan pesado. Si tengo llamado, grabo mi día en el set, clips de lo que va pasando, y de ahí saco un get ready with me o un día conmigo en el set. Todavía le estoy agarrando la onda a la edición, la verdad. Todavía estoy buscando cómo hacer que cierta animación se mueva de un lado al otro.
Pero prefiero que salga natural a que sea forzado. En mis videos a veces me trabo y no me importa, porque ¿quién no se traba en su día a día? Esa imagen de redes sociales donde todo tiene que ser perfecto y estéril, pues no se puede sostener. Si yo no conecto con ese tipo de contenido, no se lo voy a ofrecer a la gente que me ve. Prefiero hablar desde quien soy, desde mis valores, desde lo que me han enseñado.

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El primer llamado: nervios y la magia detrás
MAV: ¿Cómo fue tu primer personaje ya en forma, fuera del ámbito escolar?
MAJO: Con mucho nervio. Y el nervio no se quita, siempre está conmigo. Ya lo tomé como mi señal de que me encanta lo que hago, porque el día que deje de sentirlo es porque ya no me llena.
La primera vez que llegué a un set de verdad, fue todo nuevo: la prueba de vestuario, las medidas, el texto con el equipo completo, conocer a los demás actores. Mientras te vas empapando del personaje, el vestuario, el peinado, los colores, todos son pistas de quién es esa persona. Vas llegando más preparada poco a poco.
Me acuerdo que me dieron la famosa patadita en las pompas de la suerte que te dan en el primer llamado, tu bienvenida a un trabajo más formal. Y ese día dije, aquí es. Se siente mágico estar ahí. Con nervios y todo, esa emoción y esas ganas son las que te mueven.
El cuerpo no sabe que lo que vive en escena es mentira
MAV: ¿Cómo es tu proceso para preparar cada personaje?
MAJO: En la escuela siempre nos decían que es muy importante consumir arte de todo: música, museos, obras de teatro, películas. No puedes querer transmitir algo si tú no te estás dando chance de sentir. Puedes pararte frente a un cuadro en una galería y eso te lleva a muchas emociones que después puedes usar.
Preparar un personaje es sentarte a leer su historia y hacerle una historia paralela. Lo que no viene en el guion también existe: el color favorito de tu personaje, su comida, sus heridas, sus logros. A lo mejor a ese personaje le dieron una gran noticia cuando usaba un saco verde y por eso no se lo quita nunca. Esos detalles lo hacen único y hacen que la gente conecte.
Algo que también aprendí y que nunca se me olvidó fue en un ejercicio donde me dijeron que mi personaje tenía que sentir todo el tiempo el sabor de chocolate en la boca. Así de difícil. Cómo le das a entender eso al público. Pero ese tipo de ejercicios te abren el pensamiento a cosas que no habías imaginado.
Y nunca juzgar a tu personaje. Puede hacer algo que tú jamás harías, pero si lo juzgas desde ti misma le pones barreras. Siempre hay una razón por la que reacciona así, una situación que lo llevó ahí. Encontrar esa razón es lo que lo hace humano.
Algo que también es real: el cuerpo no sabe que lo que estás contando es mentira. Me tocó grabar el videoclip de Río Roma para la canción Te tardaste, llorando todo el video, como cinco o seis horas de grabación. Llegué a mi casa a las dos de la mañana muerta, al día siguiente con un tren encima. El cuerpo entra en estrés igual con las escenas muy felices que con las muy tristes, porque no entiende qué está pasando. Ese personaje me daba muchísimo miedo, no sabía si iba a poder aguantar llorar tanto tiempo. Un profesor me dijo algo que desde entonces no se me olvida: el corazón reacciona a la más mínima intención. Respiré, escuché la canción, me dejé llevar por la atmósfera, y funcionó.

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Flores, castings diarios y no enfriarse nunca
MAV: ¿Qué hace Majo cuando no está en un llamado?
MAJO: El gimnasio todos los días, es mi momento de desestresarme y conectar conmigo. Hacer castings, que son como pequeñas entrevistas de trabajo diarias: en pocos segundos o un minuto tienes que mostrar tu capacidad para un personaje. Salir con mis amigos, estar con mi familia, viajar cuando puedo, visitar a mi hermana que no vive aquí.
Y cuando no tenía proyectos me metí a estudiar diseño floral. Las flores me conectan con algo que no esperaba. Ahora tengo mi emprendimiento, hago arreglos para eventos, para mi casa. Es mi forma de no parar, de seguir creando aunque sea desde otro lugar.
Siempre me estoy actualizando. Si no tengo proyecto, me meto a cursos. Justo tomé uno que se llamaba Del casting al set, y al día siguiente me mandaron un casting que resultó en el proyecto en el que voy a estar próximamente. Todavía no puedo decir nada, pero sí, próximamente me van a ver en algo nuevo. Estén al pendiente en mis redes.
Los no, no fueron por ti
MAV: ¿Cómo manejas el rechazo en una carrera donde es parte del día a día?
MAJO: Muchas veces el no no depende de ti ni de tu actuación. A lo mejor hiciste el mejor casting de tu vida y no te quedaste porque el cliente quería a alguien más alta, más chaparrita, más grande, o eras tú pero te veías muy joven frente a la cámara. Muchas decisiones no son por ti. Entonces siempre tienes que salir del casting sintiéndote de que dejé todo ahí, estoy contenta con el resultado, sentí magia. Tú ya hiciste tu chamba, lo demás no depende de ti.
Ahora, a veces sí es por ti, porque no te preparaste lo suficiente, y eso también hay que reconocerlo. La diferencia está en saber cuándo fue una cosa y cuándo fue la otra. Eso te ahorra mucho tiempo de autoflagelación innecesaria.
A principio de este año yo no estaba trabajando en nada. Hacía castings y castings y ninguno pegaba. Y llegó el momento que menos lo esperaba, un sí. Y estoy de lo más emocionada. Lo digo porque me ha tocado vivirlo. Yo también estoy ahí, yo también recibo esos no. No porque sea grande o chica, todo mundo los recibe. La clave es que ese no no hable por ti ni te llene de miedo, sino que se vuelva el motor para seguir preparándote.

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Su consejo: creer en ti cuando nadie más lo hace todavía
MAV: ¿Qué le dirías a alguien que quiere dedicarse a lo mismo que tú?
MAJO: Que es difícil, no les voy a mentir. Salen muchas inseguridades que no pensabas que tenías y que están ahí. Mi consejo es no rendirse, tocar puertas siempre, estar preparados, tomar clases. Es muy importante tener tu caja de herramientas. Y creer en ustedes al cien por ciento, porque si ustedes no creen en ustedes, nadie lo va a hacer.
No importa la edad. Conozco actores que tomaron clases conmigo con setenta años y están preparándose. La edad no puede ser lo que los frene. Y los no van a llegar, muchos, pero que ese no no los invada de miedo, que sea su motor para seguir, para aprender, para intentar. Habrá un día en que voltees atrás y estés orgullosa de todo el camino.
Tomen todos los proyectos. Muchos actores le tenemos miedo a los proyectos pequeños porque, ay, qué van a pensar. Pero esa gran actriz que admiras también empezó con algo chiquito. No quieran comerse el mundo desde el primer día, porque se van a frustrar. Un proyecto abre la puerta al siguiente. Sean constantes, hagan las cosas desde el amor, y nunca pierdan el ser ustedes. Eso es lo más importante: sean siempre ustedes.
Y no se comparen. Cada quien tiene su tiempo, cada quien tiene su camino. Tú estás escribiendo tu propia historia y mientras estés cómoda y orgullosa de lo que haces, está bien. Nunca vas tarde a nada.
Majo Abdo es de esas personas que te recuerdan que el camino no tiene que ser recto para ser el correcto. Llegó a la actuación por amor, se quedó por convicción, y hoy enfrenta cada casting, cada no y cada proyecto nuevo con la misma energía con la que a los diez años entró a un escenario por primera vez y supo que ahí era su lugar. Lo que viene es suyo, y nosotros ya estamos con los ojos abiertos. Sigue a Revista MAV para más historias de personas que hacen las cosas sin soltar el sueño.
Por: Frida Padilla
Editora en Jefe de MAV

