Hay actores que llegan a un proyecto importante y uno ya sabe exactamente cómo llegaron: por el camino corto, por el apellido correcto, por estar en el lugar indicado. Y luego está Quetzalli Cortés, que llegó a La Oficina de Prime Video después de años de acumular herramientas, de decir que sí cuando tenía que decir que sí aunque el papel fuera un malandro más, de no rendirse en una industria que muchas veces cierra puertas sin mirar hacia adentro.
Nacido en la Ciudad de México y criado en Guadalajara, Quetzalli descubrió que quería ser actor viendo a Jim Carrey en Ace Ventura. Después de dar sus primeros pasos en obras caseras con los primos, pasar por un casting sorpresa a los 13 años que lo metió de lleno al gremio, y aventurarse brevemente en la vocacional de físico matemáticas antes de darse cuenta de que eso definitivamente no era lo suyo, tomó el único camino que tenía sentido para él: la academia, el entrenamiento constante, y una caja de herramientas que no ha dejado de crecer desde entonces.
Hoy lo podemos ver como Iván Mondragón, el gerente de Recursos Humanos de Jabones Olimpo en La Oficina, la versión mexicana de The Office dirigida por Gaz Alazraki y disponible desde el 13 de marzo en Prime Video. Un personaje que al principio no le fue fácil de agarrar, pero que terminó siendo exactamente el tipo de reto que este actor necesitaba.
En esta plática con Revista MAV, Quetzalli habló sin filtros del sesgo racista que existe en la industria, de por qué el hate masivo que recibió La Oficina antes de estrenar le ponía de muy buen humor, y del consejo que resume toda su carrera: confía en tu intuición, prepárate mucho y aprende a vivir con la frustración.
De Jim Carrey y los primos a los 13 años en televisión

MAV: ¿Cómo llegaste a la actuación y cuándo supiste que esto era lo tuyo?
Quetzalli Cortés: Desde muy chiquito siempre estuve cerca de cosas que tenían que ver con actuar: obras de teatro de la escuela, disfrazarme de todo lo que se te pueda ocurrir. Cuando era niño y me preguntaban qué quería ser de grande, yo decía que quería ser todo: astronauta, científico, bombero, maestro. Pero la primera vez que dije específicamente que quería ser actor fue viendo a Jim Carrey en Ace Ventura. Pensé qué divertido debe ser hacer eso, y algo se quedó ahí.
Crecí en Guadalajara, y ahí mi primo Daniel escribía obras para todos los primos. Las presentábamos en casa para la familia, los vecinos, los amigos. Ya de regreso en la Ciudad de México, en la secundaria, la maestra del club de teatro era directora de casting de una serie que se llamaba Una familia con Ángel. Yo no sabía siquiera que existía ese club. Un día estaba en el patio y de la nada llegó una chava que me dijo: ven, ella quiere verte. Me llevó al auditorio y me dijeron que querían hacerme un casting. Tenía 13 años, quedé, hice un capítulo, y fue la primera vez que me pagaron por actuar. A partir de ahí ya no paré.
Salí de la secundaria y entré a la vocacional de físico matemáticas, pero al poco tiempo fue muy claro para mí: yo no quiero hacer esto, yo quiero actuar y estudiar actuación. Me salí, entré a CasAzul, luego a Partes Escénicas Argos, y de ahí no lo he soltado.
La caja de herramientas y el arte de no apresurarse
MAV: ¿Cómo preparas cada personaje?
Quetzalli Cortés: Cada proyecto se aborda desde un lugar diferente, y eso ha cambiado mucho con los años. Lo que vas haciendo con el tiempo es ir construyendo una caja de herramientas. Cuando llega un proyecto nuevo, lo primero que me pregunto es cuánto tiempo tengo, porque eso cambia todo. Hay construcciones que si las haces al vapor no van a salir, y se va a notar. Entonces primero evalúo eso: tengo esta cantidad de tiempo, ¿qué es lo que puedo hacer dentro de ese tiempo para llegar al mejor resultado posible?
Luego, la pregunta es desde dónde abordarlo. Tenía un maestro que decía que las herramientas y la educación son para cuando estás perdido. Si llegas a un proyecto y algo intuitivamente te dice es por aquí, no te compliques. Las herramientas son para cuando estás atorado y no sabes por dónde. Y eso me parece una manera muy honesta de trabajar, porque hay muchos actores que quisiéramos tener el tiempo y los recursos para hacer transformaciones físicas complejas o construcciones muy profundas, y la realidad es que la industria pocas veces te lo permite. Yo prefiero ser honesto con eso y trabajar bien dentro de lo que tengo.
El sesgo que existe y que hay que nombrar
MAV: Mencionas que te han tocado muchos personajes parecidos. ¿Cómo vives esa parte de la industria?
Quetzalli Cortés: Me han tocado muchos malandros, rateros, narcos. Por un lado lo agradezco porque es trabajo. Pero por otro lado sí refleja cómo la industria lee mi perfil, y hay un sesgo racista en eso. Como somos todos en México, es parte de nuestra cultura, y es algo contra lo que he peleado de manera muy pública.
Y luego está la otra parte: la idea de que los actores elegimos nuestros proyectos es, en su mayoría, una falacia. Sí, todos tenemos el poder de decir que no, en teoría. Pero decir que no a un proyecto es no tener un ingreso. ¿Y quién paga la renta? ¿La luz? ¿La comida? ¿Las cuentas de la gente que depende de ti? La gran mayoría de los actores y actrices no estamos en ese nivel de privilegio donde podemos darnos ese lujo. Eso hay que decirlo porque la gente cree que todos vivimos en Beverly Hills y somos millonarios, y la realidad es completamente distinta.
La Oficina: el hate que se convirtió en combustible
MAV: Cuéntanos de Mondra y de cómo llegaste a La Oficina.
Quetzalli Cortés: Iván Mondragón es el gerente de Recursos Humanos de Jabones Olimpo en Aguascalientes. Es de la Ciudad de México, fue amigo de Jerónimo desde la universidad, y Jero prácticamente lo llevó consigo a la empresa. La situación de Mondra es que su puesto depende del corporativo, no de Jero, lo cual es al mismo tiempo muy bueno y muy malo, porque está permanentemente entre la espada y la pared: tiene que cumplirle al corporativo y al mismo tiempo lidiar con alguien a quien, si pudiera, debería correr desde el primer día.
Llegar a este proyecto fue muy especial porque Gaz Alazraki siempre ha tenido esa visión de no buscar famosos sino buscar al elenco correcto. Lo hizo en Nosotros los Nobles, lo hizo aquí. Para La Oficina vieron a más de 1,300 actores en un proceso de casting que duró casi un año. Y eso no es lo más común en la industria.
Cuando se anunció públicamente que se iba a hacer la versión mexicana, llovió el hate. El meme de Michael Scott haciéndole no, el cómo se atreven, van a arruinar mi serie favorita. Y a mí, honestamente, ese hate me ponía de muy buen humor. Porque yo ya estaba adentro, ya estaba en la última semana de grabación, y leía cada comentario diciendo esto que están señalando como razón por la que va a fracasar, no es. Todo lo que dicen que va a estar mal, no está. Entonces era un combustible increíble.
Mondra: encontrar la humanidad primero

MAV: ¿Cuál fue el mayor reto de construir a Mondra?
Quetzalli Cortés: El primero fue encontrar su humanidad. Al inicio no era tan evidente para mí desde dónde agarrarlo, qué tipo de personalidad tenía, cómo se mueve. Fue algo que fuimos descubriendo juntos con el equipo de escritores y los directores en talleres previos al rodaje.
Lo que hicieron fue construir una dinámica muy particular: nos dieron una oficina real dentro de un complejo de oficinas, los teléfonos funcionaban, las computadoras funcionaban, cada actor tenía un celular del personaje. Y cada semana o cada dos semanas, todos los sábados, teníamos una junta entre actores y creativos donde trabajábamos las relaciones entre personajes, sus biografías, sus gustos, con quién se llevan bien, con quién no. Y además revisábamos el siguiente guion con la posibilidad de decir: yo siento que aquí hay una oportunidad de hacer esto diferente. Eso no es tan común en el audiovisual y fue un regalo enorme.
Ya grabando, el reto fue defenderlo en todos los aspectos. Desde algo tan concreto como no reír cuando Mondra no puede reírse, hasta cosas más sutiles sobre cómo reacciona a cada situación. Incluso hicimos un botecito: quien se riera fuera de personaje tenía que pagar. Se juntó bastante.
La comedia que más vale: reírte del opresor, no del oprimido
MAV: La Oficina tiene humor muy mexicano pero también toca temas delicados. ¿Cómo lo trabajaron?
Quetzalli Cortés: Eso lo trabajamos mucho. Yo soy alguien que ha peleado públicamente contra el racismo y que está dentro de la comunidad LGBT, entonces hubo momentos en el proceso donde la pregunta era cómo abordamos este chiste sin que la risa sea hacia el oprimido. Es una línea muy delicada.
Creo profundamente que la comedia es una crítica. Y la mejor manera de criticar algo no es señalarlo desde afuera, sino convertirte en ello. La comedia que más me gusta es esa donde los personajes son exactamente aquello que están criticando, y a través de la risa se hace una crítica social sin que el espectador necesariamente lo piense de manera consciente. Me acuerdo mucho de Los Simpson en sus mejores temporadas: no señalaban los problemas, los encarnaban.
Yo puedo defender cada chiste que hice en este proyecto. Si alguien dice van a burlarse de los homosexuales o de los migrantes defeños, mi respuesta es: chécalo bien, nos estamos riendo de quien ejerce la opresión, no de quien la recibe. Y eso fue una decisión muy consciente de todo el equipo.
Detrás de cámaras: normal, tan normal como puede ser un humano
MAV: ¿Cómo eres tú cuando no estás frente a las cámaras?
Quetzalli Cortés: Normal, espero no decepcionar a nadie. Soy un ser humano con cosas muy chidas y con cosas que no están tan chidas, y me esfuerzo por trabajar en ello. Pago mis impuestos, voy al súper, convivo con mi familia y mis amigos. Me han roto el corazón, me enamoro, me equivoco, a veces es justificado y a veces no.
Sí hay un efecto histórico en el teatro de poner al actor en un pedestal, de endiosarlo. Y yo trato activamente de ir en contra de eso, desde las dos aristas: ni soy tan importante, pero también soy una persona y como persona merezco respeto, como todos. Me gusta mucho mi profesión y trato de involucrarme desde todos los ángulos: he hecho teatro, cine, televisión, he sido extra en ópera, he hecho asistencia de dirección, asistencia de producción, diseño sonoro en teatro. Me gustan mucho los videojuegos y me gustan mucho los animales. Eso soy.
El consejo de quien aprendió a confiar en su intuición

MAV: ¿Qué le dirías a alguien que quiere dedicarse a la actuación?
Quetzalli Cortés: Tres cosas. Primero, confiar en la intuición. Yo me peleé con la mía muchos años y la vida me demostró que es una fuerza enorme. Hay que hacerle caso.
Segundo, prepararse mucho. Nunca sabes en qué momento va a ser ah, necesitan a alguien que sepa inglés, que sepa hacer clown, que tenga tal habilidad. Mientras más herramientas tengas, más ventaja llevas. Mi camino ha sido la academia y no lo cambiaría.
Y tercero, aprender a lidiar con la frustración. Por cada sí que la gente ve en pantalla hay muchos nos, muchas puertas cerradas, mucho silencio. Conozco compañeros y compañeras absolutamente grandiosos que se han quedado en el camino no porque sean malos, sino porque hay factores en esta carrera que no están bajo el control de nadie. Quisiera poder decir que si eres terco suficiente siempre se logra, pero no siempre es así. Lo que sí puedo decir es que hay que estar lo mejor preparado posible para cuando llegue la oportunidad. Y llegar.
Quetzalli Cortés lleva años construyendo en silencio lo que ahora el mundo puede ver en pantalla. Con Mondra como su personaje más visible hasta ahora en La Oficina de Prime Video, este actor de cine, teatro y televisión demuestra que el camino largo, el de la disciplina y el entrenamiento constante, es el que más lejos lleva. Sigue a Revista MAV para más historias del entretenimiento latinoamericano que importan.
Por: Frida Padilla
Editora en Jefe de MAV

