Regina Cedeño: Nadie nos va a extrañar

Regina Cedeño

Regina Cedeño creció en los teatros. No de manera metafórica: literalmente dormía en las butacas del fondo cuando su papá ensayaba y no había con quién dejarla. Con una mamá que fue bailarina y actriz, y un papá que sigue siendo director y actor, el arte no fue una decisión que tomó, fue el ambiente en el que se formó. Y aunque hubo un momento en su niñez en el que dijo ya no quiero, siempre supo que tarde o temprano iba a regresar.

Hoy, después de cruzar de Guadalajara a Ciudad de México prácticamente sola, de pausar la universidad cuando el trabajo y los estudios ya no podían coexistir, y de quedarse en un casting que ni siquiera esperaba tener callback, Regina es Susana en Nadie nos va a extrañar, la serie de Amazon Prime Video que se convirtió en una de las apuestas más personales e íntimas del streaming mexicano. La segunda temporada ya está aquí, y esta vez todos los personajes tienen algo que contar.

Crecer entre ensayos y camerinos

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MAV: ¿Cómo fue tomar la decisión de ser actriz cuando vienes de una familia donde el arte ya estaba ahí desde siempre?

REGINA: Pues crecí en una casa en la que siempre estuvo muy presente el arte. Mi mamá fue bailarina y actriz, y mi papá sigue siendo director y actor. Entonces crecí en ensayos, en rodajes, en teatros, en camerinos. Fui hija única mucho tiempo, entonces muchas veces no tenían con quién dejarme. Tengo recuerdos de dormir en las butacas del fondo del teatro porque tenía escuela al día siguiente.

Siempre fue una opción muy presente. Había de dos: o me iba a encantar, o lo iba a detestar, porque siempre estaba ahí. Me gustó. Empecé muy chiquita, a los cuatro o cinco años, con pequeños comerciales y trabajos estudiantiles. Soy de Guadalajara y crecí allá toda la vida.

Hubo un momento en la niñez en que dije ya no quiero, y mis papás lo respetaron. Cuando quise regresar, dijeron, bueno, ahora sí. Eso fue muy sencillo de vivir, aunque mis papás claramente saben la cantidad de dificultades que conlleva dedicarse a esto, entonces sí hubo preocupación y mucho acompañamiento del sí, hazlo, pero busca también qué otra cosa puedes hacer.

De Guadalajara a la Ciudad de México: el brinco que se fue haciendo solo

MAV: ¿Cómo fue mudarte a la Ciudad de México para apostar de lleno a la carrera?

REGINA: Hace como seis o siete años empecé a venir a la ciudad mucho más seguido, a castings, a rodajes, a todo. Siempre traté de llevar el trabajo junto con la universidad. Digo, con todas sus dificultades, pero lo intenté. Hace un año tuve que ponerle pausa a la universidad porque ya era una o era otra. Me mandaban cosas al mismo tiempo y no me iba a quedar bien en las dos. Entonces me di de baja temporal.

Estuve como cuatro meses aquí en la ciudad, y en ese tiempo fue muy evidente que ya no podía seguir yendo y viniendo, porque es agotador y es muchísimo gasto de tiempo y de dinero. Así que decidí venirme. Me vine solita, aunque afortunadamente tengo una red de apoyo increíble aquí: mis mejores amigos viven acá, mi novio vive aquí, tengo mucha familia. Me vine sola, pero no tanto.

El proceso creativo: psicología, diagramas de relaciones y no juzgar nunca

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MAV: ¿Cómo preparas cada personaje? ¿Tienes algún método?

REGINA: No tengo un método fijo o muy específico, la verdad. Mi papá es maestro de actuación y teatro, entonces aprendí mucho de ver, de leer, de estar ahí, pero sin haber tomado clases formales como tal.

Lo que sí sé es que depende mucho del tipo de personaje. Si es alguien que juega voleibol, pues primero tengo que aprender a jugar voleibol. El punto de entrada cambia con cada uno.

Algo que sí hago siempre es hacer un diagrama de las relaciones del personaje. Una vez que tengo el guion, mapeo sus relaciones personales y las ordeno según qué tan cercanas son. Eso me ayuda mucho a entender cómo va a sonar cada escena, porque no es lo mismo contarle algo muy personal a tu mejor amigo que a alguien que acabas de conocer. Las relaciones definen cómo eres, cómo reaccionas, cómo te comportas.

Y algo que he ido incorporando mucho de la psicología, que estoy a punto de terminar, es este asunto de no juzgar nada y tratar de empatizar lo más posible, incluso con cosas que son difíciles de entender o de justificar. Desde la psicología, siempre te preguntas por qué, y eso para los personajes es un regalo enorme. Seguirle preguntando al texto hasta donde ya no hay forma de seguir, eso lo he abordado mucho desde ahí sin haberme dado cuenta, hasta que lo nombré en esta entrevista.

Cómo llegó Nadie nos va a extrañar: un casting de ocho minutos y un callback que no esperaba

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MAV: ¿Cómo fue que llegó a tu vida esta serie?

REGINA: Fue como cualquier proyecto, sin historia mágica. Mi manager de entonces me envió, oye, tienes un casting en zoom para una serie de Prime. Te dan muy poca información, lo necesario. Me llegó la escena, que fue esa famosísima escena de los audífonos con Memo. Hice el casting, creo que fueron ocho minutos, y colgué pensando que solo fui a un casting más, sin muchas espectativas de conseguirlo.

Leí la sinopsis y dije, guau, está muy padre. Me recordó mucho a Las ventajas de ser invisible, que es una de mis películas favoritas. Esa vibra de algo íntimo y personal. Pero lo dejé ir. Entonces me avisaron que tenía callback y me sorprendí, porque no lo esperaba para nada.

El callback fue presencial, vine a la ciudad de entrada por salida. Éramos muchos, estaban casteando a los personajes principales. Lo que estuvo muy bonito fue que entre todos los que estábamos ahí no hubo rivalidad. La gente se ayudaba, oye te ayudo a estudiar la escena, cómo te fue, cómo te fue. Fue un ambiente muy lindo.

Hice casting primero para Marifer, que no es el personaje en el que quedé, y después para Susana. Muchas combinaciones, muchas mezclas de actores. Me quedé hasta el final del día, y cuando me dijeron que ya me podía ir, me fui a Guadalajara así de qué acaba de pasar. Me avisaron como dos o tres semanas después que había quedado, aunque al principio no me dijeron en qué personaje. Una casualidad bonita es que Samuel Kishi me conocía desde que tenía siete años, la última vez que me había visto antes del casting. Cuando vio mi nombre lo reconoció y dijo, ay, yo te conozco.

Susana: la niña enojada con la vida que en realidad necesitaba a su mamá

MAV: ¿Cómo fue construir a Susana? ¿Cómo la encuentras?

REGINA: El inicio del rodaje, los ensayos, todo eso lo agradecemos mucho con Samuel Kishi. Él trabaja así, busca que lleguemos a cosas, no nomás de a ver hazlo. Un director que dirija actores es una joya.

Para la primera temporada yo la vi muy enojada con la vida, pero desde la razón. No quería hacer la típica niña fresa de puro capricho. Susana es una chavita de quince años que no tiene a su mamá, que vive con un papá que evita hablar de eso, con un hermano, con dos hombres en los noventa, siendo adolescente y sin tener quien le diga sí o no desde el punto femenino. Está aprendiendo a manejar todo eso sola. La máscara que se pone es el enojo, para que nadie la vea triste, para no verse vulnerable.

Para la segunda temporada me costó mucho más trabajo encontrarla porque ya no está tan enojada. ¿Y ahora qué? ¿A dónde la empujo? Fue muy bonito encontrar cosas distintas, dejarla ser vulnerable, dejarla sentir, dejarla expresar y entenderse. Eso estuvo muy lindo.

La segunda temporada: más íntima, más honesta, con algo para cada personaje

MAV: ¿Qué pueden esperar quienes ya vieron la primera temporada?

REGINA: Lo que estuvo increíble de esta temporada es que todos los personajes tienen algo que contar. No hay uno que digas, este como que ya no. Eso es muy raro. La mayoría de los proyectos apuestan a algunos en específico. Aquí todos. Y eso estuvo bellísimo.

Logramos que fuera igual de personal, igual de íntima, igual de nostálgica que la primera. Se siente crecer, y crecer es muy difícil. De un año de prepa a otro, es un abismo de cosas que te pasan o que no te pasan, y todo te ataca al mismo tiempo. La adolescencia tiene eso. La atención a la salud mental tampoco era la misma en los noventa, y eso es un factor muy presente en la historia. Hay mucho amor, mucha amistad, mucho proceso personal de pérdida. Y sigo sin poder decir más que eso.

Detrás de cámaras: la incertidumbre que nadie cuenta

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MAV: ¿Qué hace Regina cuando no está en un llamado?

REGINA: Los actores somos los últimos en llegar y los primeros en irnos del set, y la cantidad de gente que hay detrás de un proyecto es impresionante. Todos tienen un papel importantísimo y dificilísimo. El trabajo es mucho más que lo que se ve en pantalla.

Fuera de eso, la verdad es que lo que más haces es esperar, buscar, prepararte y tratar de no soltarte. Y de no frustrarte, por más difícil que sea. Y de no compararte, que es muy difícil. Esta carrera tiene rachas: de repente vienen muchos proyectos y de repente nada. Es un camino incierto. Y el rechazo es mucho más frecuente que la aceptación. De diez castings quedas en uno, y me estoy viendo generosa.

Creo que es un trabajo muy íntimo, muy personal, tanto dentro de la pantalla como fuera. De mantenerte bien, de no soltarte. Eso es lo más honesto que puedo decir sobre qué hago cuando no estoy trabajando.

Su consejo: disciplina, terapia y que no te corten las alas

MAV: ¿Qué le dirías a alguien que quiere dedicarse a la actuación?

REGINA: Que se preparen mucho. Y que se les quite la pena, porque este trabajo es ponerte en ridículo constantemente y con gusto. Eso está muy padre.

Vayan a terapia. Este es un trabajo muy emocional y muy demandante. El asunto de explicarle a tu cerebro que lo que estás viviendo no te está pasando, pero que sí te está pasando, es complicado. Cuídate, procúrate, cuida tu salud mental. También el rechazo y tu autoestima necesitan atención constante, porque si empiezas a creerte que no puedes, se vuelve mucho más difícil seguir intentando.

Que no te corten las alas. Mi papá me dijo una vez algo que no se me ha olvidado: muchas veces la disciplina le gana al talento. Eso me marcó. Si hay gente que te dice que no tienes talento, sé tan disciplinado que a la gente le guste trabajar contigo. Una persona cumplida le gana a una persona con talento que no cumple. Y si tienes las dos, pues qué maravilla.

Estudia, busca información, prepárate, intenta que no te dé miedo, entiende el método de trabajo y tómatelo en serio. De verdad sí se puede.

Platicar con Regina es entender que las mejores actuaciones nacen de quienes se hacen las preguntas más difíciles, no solo sobre el personaje sino sobre sí mismos. Creció viendo el arte desde adentro, lo eligió de todas formas y hoy lo ejerce con una profundidad que se nota en pantalla. La segunda temporada de Nadie nos va a extrañar ya está aquí, y Susana tiene más que decir. Sigue a Revista MAV para más historias del arte que vale la pena conocer de cerca.


Por: Frida Padilla
Editora en Jefe de MAV

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