Hay algo en las personas que crecieron en pueblos chicos que las hace observar diferente. Quizás porque en un lugar donde todos se conocen, aprendes a leer a la gente con mucho más cuidado. O quizás porque el silencio del campo te enseña a encontrar lo extraordinario en lo cotidiano. Ruth lo tiene clarísimo, y es exactamente desde ahí desde donde construye su arte.

Hoy la podemos ver en una película de terror mexicana que ya está en pantallas de Cinépolis, donde da vida a Celeste, una joven que carga con la culpa de la desaparición de su mejor amiga mientras enfrenta el acoso de un asesino. Un personaje que, como ella misma dice, se niega a definir solo como víctima. Y en el horizonte tiene más: una película sobre un chico trans llamada Soy Mario, de la directora Sharon Kleinber, que se presentará en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara en abril.
En esta plática con Revista MAV, Ruth habla sobre lo que le enseñó crecer en el campo, por qué disfruta más hacer escenas de terror que verlas, y cuál es su consejo más honesto para quienes quieren dedicarse a esto.
Del campo a la Ciudad: una infancia que lo explica todo

MAV: ¿Por qué decidiste dedicarte a la actuación? ¿De dónde viene esa vocación?
Ruth: Crecí en Jalisco, entre Ameca y San Martín de Hidalgo, y viví una infancia algo compleja en la que atravesé mucho la experiencia del aislamiento. Creo que desde ahí empecé a anhelar el contacto y la comunión con otras personas. En la primaria, cada vez que me invitaban a hacer alguna participación escénica, aunque me moría de nervios y de ansiedad, era la primera en apuntarme. Y ahí empecé a descubrir que cada vez que me presentaba, ya fuera preparando un texto o una coreografía, me sentía viva y presente, en contraparte con lo que estaba viviendo en ese momento.
Ya en la pubertad recuerdo haber visto a mi hermana mayor presentar una obra de teatro, creo que era la de Carlota. Era una obra muy austera, estudiantil, pero estar ahí y ver cómo esos actores se comunicaban, cómo los vestuarios y las luces adornaban todo, fue donde me surgió esa curiosidad por atravesar este tipo de expresión. Desde entonces, si había un taller, un curso, lo que fuera, yo me apuntaba. Así fue toda mi preparatoria.
Después llegó mi primer proyecto profesional con Amat Escalante, y desde ahí no ha parado el crecimiento y aprendizaje, así que hoy, a los 31 años, lo que puedo decir es que toda la vida ha estado esa insistencia, esa necesidad de atravesar la condición humana desde el cuerpo.
Cómo construir un personaje desde la confianza y el cuerpo

MAV: ¿Cómo preparas cada personaje? ¿Tienes algún ritual o proceso particular?
Ruth: Siempre intento primero conocer al director o a la directora, llegar a un lugar de mucha confianza. Entro a los proyectos con disposición, con escucha, intentando crear un puente más allá de lo que está escrito en el guion. Siempre estoy preguntando casi todo. Hay directores muy reservados y otros que abren completamente su historia, sus experiencias, su familia. Para mí eso es oro, porque de ahí empiezo a transformar y a constelar esa historia que los creadores quieren compartirme.
Ya desde un lugar más técnico, hacemos trabajo de mesa, analizamos el guion, vemos qué requiere ese personaje. Pero a mí en específico me gusta mucho abordarlo también desde el cuerpo, desde las imágenes que me generan las escenas y las situaciones, y sobre todo cómo mi cuerpo las recibe. Es un trabajo complejo porque hay que vulnerarse y hay que abrir muchas partes de uno mismo. Hay que desconfigurarse para crear a otro ser.
La inspiración viene de la simpleza, no del análisis

MAV: ¿De dónde viene tu inspiración como creadora?
Ruth: De la realidad misma, de la cotidianidad, de mi familia, de mis hermanas, de mi mamá, de la vida en el campo que tuve. *También de lo desconocido y de los sueños. Me gusta mucho observar, a veces me paso de observadora. Puedo estar en un café y quedarme mirando cómo una persona toma la bolsa, cómo camina, cómo gesticula. Me quedo en ese mundo porque encuentro mucha curiosidad en como somos.
Siempre está la búsqueda de lo particular y lo especial dentro de esa cotidianidad. Puede sonar contradictorio, pero la simpleza de las cosas es justamente lo que las vuelve más complejas y más ricas. Creo que en nuestra generación, con tanta información y tantos estímulos por todos lados, es cada vez más difícil conectar con solo estar, con solo observar. Y desde ese lugar tranquilo es donde yo encuentro lo que necesito para crear.
Celeste: más que una víctima, una mujer que lucha con dos fuerzas

MAV: Cuéntanos de tu personaje en la película. ¿Cómo es Celeste y qué te atrajo de ella?
Ruth: Cuando leí el guion de Fernando, algo que me gustó mucho fue precisamente que Celeste logra atravesar la experiencia de ser atacada desde un lugar que va más allá de ser víctima. Esa no fue la primera palabra que me llegó a la cabeza cuando la leí, y eso me atrajo muchísimo.
Celeste es una joven estudiante que sufre la desaparición y la posterior muerte de su mejor amiga, y carga con la culpa de no haberla podido ayudar, de no haber estado más presente. A la vez que vive esa culpa, también está sufriendo el acoso de un asesino. Está ahí con esas dos cargas al mismo tiempo. Pero desde el principio me interesó darle la vuelta y encontrar las fortalezas dentro de ese padecimiento. Ella está luchando con dos fuerzas muy poderosas, y eso hace que sea un personaje mucho más interesante que el de alguien que solo sufre.
Terror desde adentro: es más fácil hacerlo que verlo

MAV: ¿Es tu primera experiencia en cine de terror?
Ruth: No, el cine de este género me ha acompañado bastante. Siento que hay algo en el cuerpo, en la experiencia vivida, que hace que algunos actores nos sintamos cómodos habitando estos personajes. Siempre intento, en cada uno, darle la vuelta y encontrar nuevas formas de estar. La violencia es un tema que nos atraviesa a todos, vivimos en un país muy complejo, y estos personajes reflejan parte de esa realidad. Cada sufrimiento es distinto, cada situación de acoso también, y en cada uno encuentro matices diferentes.
Lo que sí es curioso es que lo disfruto mucho más hacerlo que verlo. Cuando estoy en el set con el corazón así, escuchando a mis compañeros, coreografiando escenas, atravesando esa experiencia, es algo completamente distinto a estar viéndolo desde el sillón. Cuando veo una película de este tipo como espectadora, a veces me pongo demasiado ansiosa, ya quiero que se resuelva, ya quiero saber. Pero en el set, eso mismo que siento lo disfruto muchísimo.
Lo que viene

MAV: ¿Qué proyectos tienes en camino?
Ruth: Tengo un par de proyectos en puerta que están tomando su tiempo, como siempre pasa con el cine. Uno de ellos me está orillando a explorar nuevas formas de estar y de expresarme, que es exactamente lo que ahora mismo me interesa buscar. Estoy trabajando con una directora y un equipo de Querétaro, y me encanta ese tipo de proyectos porque te ponen una mesa con mucho espacio para la exploración. Sin ese espacio es muy difícil encontrar la creación genuina.
Y también viene algo que me tiene muy emocionada: la película Soy Mario, de la directora Sharon Kleinber, que es su ópera prima. La filmamos hace más de año y medio y se estrenará en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara en abril. Es la historia de un chico trans que se embaraza y vive todo el proceso de descubrir si quiere o no paternar, enfrentando algo que su cuerpo no se imaginaba. Es un tema muy complejo, muy importante y, que yo sepa, es una experiencia que no se ha contado así en el cine mexicano. Estarán también Mercedes Hernández, Mayra Batalla y el actor tapatío Austin de León. Estoy esperando ese estreno con muchas ganas.
El consejo más honesto: cuídate y no le tengas miedo a equivocarte

MAV: ¿Qué consejo le darías a quienes quieren dedicarse a la actuación?
Ruth: Que encuentren un espacio de calma, de confianza y de cariño hacia ellos mismos que solo ellos puedan entender y disfrutar. Es una carrera compleja, de mucha resistencia, donde por cada sí hay muchos nos. Cuidar esa parte interna es responsabilidad de uno mismo, y tiene que ver con la tranquilidad y con el autocuidado genuino.
Y por otro lado, que no le tengan miedo a diversificar, a probar, a equivocarse. Porque es justamente a partir de la equivocación cuando se aprende y cuando se puede crear algo verdadero. Que siempre le den prioridad a eso: al no tener miedo a fallar, porque de ahí viene una parte muy importante de la creación.
Ruth llegó del campo jalisciense con una manera muy particular de mirar el mundo, y eso se nota en cada personaje que habita. Con su más reciente película de terror ya en pantallas de Cinépolis y Soy Mario rumbo al Festival Internacional de Cine de Guadalajara, esta actriz está construyendo una carrera desde la honestidad y la exploración constante. Una voz que el cine mexicano necesita escuchar más. Sigue a Revista MAV para más historias del entretenimiento latinoamericano que vale la pena conocer.
Por: Frida Padilla
Editora en Jefe de MAV

